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domingo, 22 de mayo de 2011

Expedición a Costa Rica; Supervivencia.


Antes de salir, Donny me preguntó:


- Oye, ¿que llevamos de comida?

- No te preocupes, llevo barritas energéticas para los dos.

Se ve que no confiaba mucho en las barritas, así que se llevó un taper con gallo pinto para la hora de comer.

Comenzamos la caminata muy temprano subiendo la montaña que da entrada al parque. No resulta especialmente alta, es más diría que se sube como máximo en una hora. El caso es que andar con semejante calor y una humedad brutal, sofoca a cualquiera, por lo que a los pocos minutos de ruta, mi camisa estaba ya completamente empapada en sudor, tanto que cuando quise encender la cámara para hacer un foto no pude. Al llevarla colgando y pegada a mí, se ve que la humedad de mi camisa cayó sobre ella y debió estropear algún circuito. Hicimos una parada para ponerla al sol, pero no hubo manera, menos mal que Donny llevaba la suya y pudimos hacer alguna que otra fotillo de nuestra aventura.

Continuamos caminando y charlando, Donny me indicó que siempre que había rastreado la zona había un tramo en el que siempre encontraba marcas de Jaguares, así que denominamos a ese tramo “la milla de oro” y ese era nuestro destino.

Caminábamos despacio, charlando, haciendo paradas, y sin ninguna prisa especial. Donny me iba enseñando a identificar huellas, frutos, marcas… y me iba enseñando cuales eran de puma y como diferenciarlas de los Jaguares, nos cruzamos con una preciosa serpiente, al acercarme cada vez más, no pude aguantar la tentación de acariciarla.



Llegué a una clara conclusión, a las serpientes no les gusta que las acaricie un extraño, ya que al volverse enfadada contra mí, hizo que pegara un salto con un buen susto en el cuerpo.


Se iba haciendo bastante tarde, y paramos a comer en un rio, donde nada más acomodarnos, Donny encontró una huella de Jaguar. Bien!!!! Estábamos en “la milla de oro”.


El calor era sofocante, por lo que a pesar de que el rio no llegaba a cubrir por la rodilla, yo lo aprovechaba para refrescarme tumbándome en él para conseguir que todo mi cuerpo estuviera sumergido.


Los pequeños peces limpiadores me rodeaban y se dedicaban a limpiar mi cuerpo de pieles muertas y posibles parásitos que hubieran podido subirse a mí en el camino, como las garrapatas, que allí abundan.

Mientras Donny se dedicaba a comer su gallo pinto, yo me comía un par de barritas, que darán mucha energía, pero el hambre no desaparece con ellas. Al ver y juguetear con un tronco que había allí tirado, vi que se encontraba lleno de termitas, por lo que se convirtieron en mi siguiente aporte de proteínas. Al menos eso dicen, porque al ser tan pequeñas no sientes que estés comiendo, eso sí, resulta muy entretenido.

Después de zamparme unas 60 termitas, me daba el último baño antes de reanudar camino. Al salir del rio vi a Donny a unos tres metros de mí mirando el rio.

- ¿Qué miras? ¿Hay algo?

- Si, ¿adivina el que?

- No sé, dime. – Le respondía mientras me acercaba.

- Pues un cocodrilo.

- No jodas, ¿pero llegan hasta aquí?

- Pues pensaba que no, pero parece ser que sí.

Nos acercamos poco a poco a verlo. Mediría algo más de un metro y se encontraba debajo del agua expectante.


Supongo que se puede pensar que un cocodrilo de un metro es un animal pequeñito y que no es peligroso. Pues bien, imagina tu reacción cuando un caniche se te encara ladrando y mostrándote sus dientes, Pues un cocodrilo tiene como diez veces más dientes que un caniche…

Por mucho que nos acercábamos él seguía quieto, supongo que pensaría que con un poco de suerte no le veríamos y le confundiríamos con un tronco, pero no fue así. No pude evitar tocarle con el palo-bastón que me había agenciado a ver que hacía, y de un rápido golpe de cola salió disparado a esconderse, pero pudimos encontrar donde se refugió y volvimos a observarle con cuidado, no queríamos que pensara que debía defenderse…

Cuando hice intención de ir a tocarle, Donny me detuvo indicándome que no debía molestar a los animales, por lo que finalmente reanudamos nuestro camino.


Hice ver a Donny que estaba tan cansado y desfallecido al no haber comido que no tenía fuerzas para volver, Donny me insistía, pero yo daba muestras de no poder más, de ser incapaz de volver a remontar la montaña que habíamos dejado atrás, por lo que finalmente Donny decidió dirigirnos a Sirena para pasar esa noche, mi plan comenzaba surtir efecto…

Dejé que Donny fuera delante, incluso dejaba que se adelantara en ocasiones hasta que no pudiera verme, luego me esperaba y le alcanzaba. Esto me venía bien no solo para que pensara que estaba más cansado de lo que realmente estaba, sino para que no se diera cuenta de que iba dejando marcas de olor con la colonia de Kalvin Clain en el tramo de “la milla de oro”.

Íbamos vadeando los ríos que encontrábamos a nuestro paso sin descalzarnos, por lo que finalmente el camino se hizo especialmente duro, ya que los pies completamente húmedos comenzaban a resentirse, los dos llevábamos la planta de los pies con un sentimiento de ardor que nos estaba matando.

Por fin llegamos a la Estación de Sirena, era tarde y Donny habló con los vigilantes de allí para ver si nos dejaban pasar la noche. A él le dijeron que podía pasar la noche en la caseta de los vigilantes y los guías, y sobre mí le preguntaron:

- ¿Y este que trae? ¿Una tienda?

- Que va, una hamaca.

- ¿Una hamaca????

- Si, él viaja con una hamaca, si le dais dos troncos donde atarla, él se acopla ahí.

Así que extrañados le indicaron dos postes de la estación, al lado de una de las mesas donde podía instalar mi hamaca y pude pasar la noche.


Al día siguiente, y como no teníamos reserva de desayuno no se dignaron ni a dejarnos tomar un par de cafés, ni pagando… por lo que tras desayunar un par de barritas cada uno, comenzamos camino de regreso a la estación de Los Patos.

Si bien mi cansancio del día anterior no era tal como se lo mostraba a Donny, no era del todo falso, solo exagerado, ya que la ruta y la falta de comida me habían pasado factura realmente.

Al comenzar a andar los dos comentamos lo débiles que nos sentíamos por la falta de energías, por lo que tardamos bastante en llegar de nuevo a “la milla de oro”.


Al llegar le confesé a Donny que había dejado marcas de olor, no me quedó más remedio que llevarme la correspondiente típica regañina, que si no se puede intervenir en los comportamientos de la fauna, que si eso no se puede hacer, que podíamos haber dejado las marcas fuera del parque y que si bla, bla, bla…

En fin, supongo que era su obligación como guía, y aunque no me lo confesó, creí percibir en el cierto agrado, ya que cuando terminó de regañarme comenzamos a ver el resultado de mis marcas.

Ningún Jaguar había pasado por la zona, sin embargo un Puma las había ido siguiendo y había dejado un montón de marcas.

De nuevo le hice ver que estaba desfallecido, que no podía más, hasta el punto de sentarme y decirle:

- No puedo… no puedo… no puedo andar más….

Resignado tras mucho insistir y al ver que el atardecer se nos echaba encima no le quedó más remedio que asumir que nos tocaría pasar noche en la selva.

Buscamos un lugar donde instalarnos y con unas grandes hojas caídas hicimos un lecho donde dormiría el, yo puse mi hamaca entre dos árboles mientras él me regañaba una y otra vez diciéndome que no lo hiciera, a pesar de que yo hacía oídos sordos a sus palabras…

Cuando por fin estábamos instalados, le dije que si no comía algo, el día siguiente no estaba seguro de poder continuar la marcha, por lo que Donny se fue a buscar frutos caídos, momento que aproveché para pescar lo que pude, un par de camarones y un pececillo que no sería más grande que la palma de mi mano.

Cuando Donny volvió, yo ya había hecho una pequeña fogatilla y estaban medio cocinados. Donny no se lo podía creer, me regañaba una y otra vez, parecía que todo lo que yo hiciera estaba mal o no se podía hacer. El caso es que yo que le observaba atentamente, tanto mientras me regañaba como después, pensaba que lo único que hacía era lo que tenía que hacer, cumplir con su papel de guía, por lo que finalmente le dije:

- Oye mira, tú no eres mi guía, no te he contratado, no te estoy pagando por esto, por lo que no estás ejerciendo. Tú me has acompañado pero a título personal, no profesional, tranquilo y disfruta.

No le convencí, pero se ve que le valió para resignarse un poco.

Menos mal que no le conté que había ido en busca del cocodrilo que habíamos visto el día anterior, que si llego a encontrarlo la cena se habría convertido en un banquete.

No habíamos comenzado a cenar cuando una tormenta se nos vino encima, por lo que tuvimos que usar mi capa de agua como techo improvisado. Ahora yo ya no podía dormir en mi hamaca ni el en la camita que se había preparado, por lo que tuvimos que acoplarnos como pudimos debajo del improvisado techo y alrededor de los rescoldos de mi fogatilla.

Si el temor de quien duerme en la selva son las serpientes, escorpiones, tarántulas, etc., el animal del que estuvimos toda la noche intentando defendernos sin ningún tipo de éxito fueron los mosquitos, quienes dejaron en mí más de 100 picotazos…

El caso es que esa noche, donde nuestra cena fue un camarón para cada uno y medio pescadito, disfrutamos como si nos hubiéramos zampado una mariscada. La verdad es que comer algo caliente de da la vida de nuevo.

La noche continuó entre los mosquitos, la lluvia e intentando acoplarnos y coger postura entra las ramas y raíces que teníamos debajo de nosotros.

Cuando por fin amaneció ya no me quedaron excusas para retrasar más mi estancia en la selva, por lo que tomamos dirección al camping.

Durante el camino, hubo un momento en el que Donny me dijo:

- ¿La has visto? ¿No verdad?

- ¿El qué? – Respondí.

- Te acaba de pasar entre las piernas una serpiente de terciopelo joven.

No me había dado cuenta. Me explicó que esas eran las más peligrosas. Por un lado son las más venenosas que puedes encontrar, pero al menos las adultas, dosifican el veneno que inyectan, pero las jóvenes, aún no saben hacerlo, por lo que cuando muerden, inoculan todo el que tienen.

Con un poquito más de cuidado, e intentando darle un respiro a mi ángel de la guarda, continuamos el camino.

Los dos llegamos destrozados, por lo que lo primero que hicimos fue degustar unos estupendos espaguetis con salsa de salmón y hongos que preparó Donny en un abrir y cerrar de ojos.

Mientras yo disfrutaba de una merecida siesta, Donny que se había empeñado en disfrutar la cena que no disfrutamos el día anterior, se fue a buscar camarones y volvió con un cubo casi lleno con el que nos inflamos esa noche.

Mientras cenábamos le confesé a Donny mis “pequeños engaños” para poder pasar más tiempo en la selva, no le quedó más remedio que reírse, y tras decirme:

- Tío, eso no se hace….

Continuó diciendo…

- Ahora, que no te imaginas como lo he disfrutado!!!!!

domingo, 15 de mayo de 2011

Costa Rica. Llegando a Jaguar de Oro




Después de una rápida escala en Bogotá por fin aterricé en el aeropuerto de San José. Eran las 12 de la noche y mi siguiente vuelo salía a las 6:45, por lo que no me interesaba salir y buscar alojamiento. Por eso ya llevaba decidido pasar noche en el aeropuerto.

Cuando llegué a él, me dispuse a reconocerlo para buscar el mejor sitio para dormir y, enseguida volvieron a mí los recuerdos de mi anterior viaje. El aeropuerto estaba igual, rápidamente encontré el lugar donde un par de años atrás había dormido con Yolanda, y no me costó mucho decidir que sería ahí donde pasaría mi noche.

Al día siguiente tempranito, me dirigí al aeropuerto de Tobías Bolaños, donde un vuelo interno me llevaría a Puerto Jiménez. Mi sorpresa fue que cuando iba a sacar mi tarjeta de embarque, la chica del mostrador me indicaba que la reserva del vuelo no era correcta, sino que esta era para las mismas fechas, pero del mes de febrero. Como buena “tica”, y haciendo gala de su amabilidad, se metió en la oficina para ver que podía hacer por mí. Al rato volvió diciéndome que podría cambiar las fechas por tan solo 30 $, así que pude continuar mi viaje sin mayor problema.

Mientras sobrevolaba el país, podía ir observando sus selvas, y ya me veía en ellas viviendo un sinfín de aventuras.


Nada más aterrizar en Puerto Jiménez me dirigí a la Oficina del Parque Nacional de Corcovado. Tengo que decir que es la excepción que confirma la regla. Si bien todo el mundo que he encontrado en Costa Rica en los dos viajes ha sido tremendamente agradable, la gente de esta oficina no destacaba precisamente por su amabilidad.

A pesar de haber leído en la web que debía reservar con un mes de antelación, iba sin reserva. Mi plan de perderme en la selva, así lo requería.

Nada más llegar a la oficina me indicaron que todos los alojamientos estaban al completo, no resultó especialmente fácil que me informaran de que podía pasar noche en un camping que se encuentra pegado a la entrada de Los Patos, El Jaguar de Oro Ecocamping. Incluso cuando quise reservar 8 días me pusieron pegas:

- Es que no se puede reservar más de 5 días.

- ¿Por qué? ¿Entonces tengo que venir de Los Patos aquí a volver a pedir el permiso?

- Si

- ¿Por qué?

- Porque no sabemos cómo estarán las reservas dentro de cinco días.

- ¿No lo sabréis? Pero si obligáis a reservar con un mes de antelación, claro que lo sabréis, y además no me estás reservando alojamiento….

A regañadientes me dejaron reservar la entrada al parque por 8 días, pero dejándome muy claro que no podría dormir dentro, y que debería entrar y salir todos los días durmiendo fuera del parque.

Acepté, ya que esta situación venía muy bien para mis planes, así que tras aprovisionarme con un par de botellas de agua, un bloqueador, alguna cosilla más y un cuchillo que resultó un estupendo compañero de viaje, tomé un autobús para que me llevara a La Palma.

Llegué prontito, por lo que aproveché para dar un paseo, probar por primera vez en este viaje el típico Gallo Pinto y tomarme unos cuantos frescos naturales (Zumos) en un par de bares que había en la carretera, donde en uno de ellos, una simpática chiquilla para mi sorpresa me pidió un autógrafo. Resulta que coleccionaba en un cuadernito de firmas y autógrafos de todos los extranjeros que visitaban su bar.




Estaba esperando el transporte colectivo que suele llevar a los turistas a la entrada de Los Patos, finalmente yo era el único que ese día realizaría el trayecto.

El conductor me dijo que no le interesaba llevarme, que por los 10$ que me iba a cobrar no le traía cuenta, pero como me había dicho que me llevaría, ahora no me podía dejar tirado. Fuimos charlando todo el camino, por lo que al llegar, entre que había sido simpático y que se había portado muy bien conmigo, le dejé una propina (esto influiría sin yo saberlo en el desarrollo de mi viaje).

Al llegar, Donny y su hermano, los responsables del Ecocamping Jaguar de Oro, casualmente andaban en la estación, así que me los presentó y después de charlar un poco con el vigilante de la estación, nos fuimos al campamento.

El vigilante me informó, como ya habían hecho en la oficina del parque, que la estación ya no acoge visitantes, por lo que los que antes se alojaban ahí, ahora solo tenían como opción el camping.

Me dijo que al día siguiente me firmaría la entrada al parque. Yo le decía que quería salir muy temprano, y que si me firmaba ya las 8 entradas al parque que tenía permitidas, me ahorraría ese trámite diario. No hubo manera, así que finalmente me dirigí con Donny al campamento.

De camino a él, rápidamente resultó evidente la buena sintonía que tendríamos Donny y yo el resto de los días.

Al llegar al camping me indicaron donde podía instalar mi hamaca (no llevaba ni tienda, solo una hamaca ligera comprada en Decathlon), y después de una reconstituyente ducha, nos pusimos a charlar.

Al decirles que había venido a buscar Jaguares, Donny me indicó que él había trabajado durante mucho tiempo en varios estudios sobre ellos. Había trabajado, y continuaba haciéndolo con Roberval Tabares, un experto jaguarólogo que lleva quince años trabajando por la conservación de los Jaguares y del entorno de la península de Osa.

- Pues yo he venido solo a eso, a buscar Jaguares, he traído incluso Obsesion, de Kalvin Clain.

- ¿Obsesion de Kalvin Clain???? ¿En serio???? Yo la he usado mucho!!!!!

Después de varias risas y charlas le dije a Donny:



- Bueno, pues ya sabes que busco…. ¿Te animas?

No me hizo falta hacerle el ofrecimiento dos veces, su sí, fue rotundo.

Continuamos la noche charlando y preparando nuestra expedición. Me dijo que hacía no mucho había escuchado el rugido de un Jaguar desde el campamento, así que el día siguiente como primera toma de contacto, nos dispusimos a rastrear la selva cercana al camping para ver si encontrábamos huellas.

Salimos temprano, íbamos en dirección contraria al Parque Nacional, casi atravesando la selva, ya que en esa zona no había más caminos que los que los animales iban creando a su paso. Encontramos huellas y marcas de Puma, y poco después encontramos el motivo por el que los felinos merodeaban por la zona, una manada de Chanchos deambulaba por allí. Pudimos acercarnos bastante, hasta que el vigía de la manada nos olió y emitió su grito de alarma, lo que hizo que todos salieran corriendo.

A mitad de camino Donny señalo a unos árboles, un polluelo de Gavilán blanco había caído del nido y estaba abandonado en una rama.

Donny me explicó que estaba condenado, que una vez que los polluelos caían del nido las madres ya no los buscaban, por lo que fuimos a rescatarlo y lo llevamos al campamento para cuidarlo hasta que pudiera valerse por sí mismo.



Mientras tanto, bautizaron al polluelo como “Escarpiiiiiin”, lo cual me honró mucho.

De regreso pasamos por la estación para ver si el vigilante me firmaba las entradas, pero no había manera, me indicó que debería ir todos los días por la mañana. Pero cosas del destino, el conductor del transporte colectivo estaba charlando con él. El vigilante me dijo que como excepción y como el conductor la había dicho que yo era un gran amante de la naturaleza (se ve que mi propina influyó en esa opinión sobre mí) me permitiría que al día siguiente saliera especialmente temprano, por lo que ya me dejó esa entrada firmada. Me vino genial.

Pasamos el resto de la tarde y parte de la noche, conociendo la fauna que visitaba el campamento.



El día siguiente salimos muy temprano, la idea con Donny era llegar al rio Sirena y volver aunque fuera tarde. Al menos, ese era el planteamiento “oficial”.



viernes, 15 de abril de 2011

domingo, 10 de abril de 2011

Egipto: Expedición al Mar Rojo (Desenlace)


Cueva Mar Rojo




Por fin zarpamos y tomamos rumbo a las profundidades del Mar Rojo. La primera inmersión fue de tanteo, como en el Mar Rojo se bucea con botellas de aluminio, había que intentar coger el peso adecuado para llevar bien la flotabilidad, así que me pasé toda la inmersión con el culo en pompa, ya que me faltaban un par de kilitos en el cinturón. Además de eso, tenía que apañarme con la cámara de video y con la de fotos, en fin, que parecía el Inspector Gadget.

De todas maneras, esa primera inmersión, para alguien que hasta entonces solo había buceado en el Mediterráneo resultó impresionante. El colorido de los peces mariposa, los cirujanos, algún banco de atunes que vimos y como no, los simpáticos peces payaso jugueteando en sus anemonas, hacían que se te pasara el tiempo de la inmersión casi sin darte cuenta.

La vida en el barco era comodísima. En España, estamos acostumbrados a que para bucear hay que “deslomarse”; Carga con la botella, monta tu equipo, llévalo al carro cuando no a la playa, empuja el carro, carga los equipos en la barca, equípate, sube con el equipo a la barca cuando acaba la inmersión, descarga la barca, vuelve a cargar los equipos en el carro, vuelve a empujar el carro, vuelve a desmontar el equipo y vuelve a cargar la botella (esta vez vacía) para dejarla en el sitio de las botellas vacías, y entonces, es cuando ya descansas e intentas disfrutar de lo que has visto en 45 minutos.

Para hacer la inmersión en el barco solo tenías que ponerte el neopreno y “acoplarte” al equipo de buceo que previamente ya te han preparado, ¡¡¡Hasta te ponen las aletas!!!!, además si te despistas y sales alejado de la barca van a buscarte. En España te hacen nadar hasta la barca y encima te regañan.

La vida en el barco era muy sencilla, diría que hasta monótona, sino fuera porque con lo que ves en cada inmersión es un regalo para los amantes de las profundidades:

Te levantas, tomas un café y buceas.

Sales de bucear, desayunas y duermes o dormitas. Puedes hacerlo en el camarote o en alguna de las cubiertas al sol.

Te levantas, y buceas

Sales de bucear, comes y duermes o dormitas, puedes hacerlo donde he dicho antes, aunque a medio día con el sol del Mar Rojo te sueles ir al cobijo del aire acondicionado del camarote.

Te levantas y buceas

Sales, meriendas y duermes o dormitas.

Te levantas y buceas

Sales, cenas, charlas y si te animas, toca nocturna.

Queda a tu elección saltarte alguna de las inmersiones si te apetece, pero sin querer desperdiciar ninguna de las oportunidades no me perdí ni una.

Las inmersiones eran realmente impresionantes, la explosión de vida era abrumadora, tanto de peces como de corales. Creo que sería incapaz de detallar todas las especies que vi, pero supongo que todos tenemos nuestras preferidas.

A mi me gustaba entretenerme con los peces payaso, y los peces globo, es como si derrocharan simpatía, me parecen graciosísimos.
Pez payaso Mar Rojo

Además, cada inmersión parecía tener sus propios artistas invitados, de vez en cuando alguna tortuga curiosa nos miraba con curiosidad, y yo pensaba:

- Igual que cuando nosotros subimos al barco decimos que hemos visto una tortuga, ella cuando se encuentre con otra, dirá: he visto unos buzos por allí.

En las nocturnas, los peligrosos peces escorpión, atraídos por las luces se acercaban a ti, y si aprovechabas para poner tu foco sobre algún pez dormilón, aprovechaban para tomar un tentempié.

En una de las inmersiones pudimos ver a la madre de todas las morenas, era tan enorme, tenia una cabeza tan grande que resultaba casi desproporcionada, jamás habría imaginado que pudieran llegar a tener esos tamaños.

Al principio comenzamos portándonos bien, yendo con el grupo, con el guía… pero poco después comenzó a salir a flote nuestra verdadera alma.

Yo, perezoso y tranquilo como siempre, llegaba siempre tarde a la llamada de inmersión:

- Yalla, yalla (Vamos, vamos)

Me repetían cada vez que había que bucear.

Por otro lado, y haciendo honor al título de “los últimos de la fila”, solíamos quedarnos atrás y, en más de una ocasión perder al grupo.
Pez ballesta Titán Mar Rojo

Llegamos a tal punto que Bea (a pesar de su santa paciencia) decidió dejarnos en manos de Hamid, un Dive Master Sudanés que con un cuerpo como dos míos imponía bastante.

Al principio en inglés nos contaba cómo iba a ser la inmersión, y nos indicaba que no nos separáramos de él, pero cuando salíamos de bucear siempre me decía:

- Do you want to fuck me????????? (Que traduciremos por un comedido “Quieres fastidiarme????)

A lo que yo siempre respondía….:

- Sorry, I don´t understand (lo siento, pero no te entiendo)

A pesar de que él era plenamente consciente de que nos comunicábamos y entendíamos perfectamente.

Fue tal el grado de despiste que teníamos debajo del agua, que una vez no es que nos perdiéramos del grupo, es que yo me acabé perdiendo de Marina. Menos mal que finalmente siempre les encontrábamos.

Teníamos a Hamid completamente desesperado, y la verdad, es que aprovechábamos que consumíamos menos que el para no dejarnos atrapar cuando venía a engancharnos para finalizar la inmersión.

La visita al Dun raben y al thirstelgom fueron impresionantes. En el primero además de lo curioso que resulta ver cientos de váteres en el fondo del mar, un pez piedra, dos morenas y la pasada rasante que nos hizo un impresionante pez Napoleón, nos dejaron un estupendo sabor de boca.
Pez escorpión Mar Rojo

El thirstelgom necesitó tres inmersiones, una de ellas nocturna para poder ser explorado por completo.

No era solo la aventura de recorrer el interior de un barco hundido, pudiendo sentarte en sus motos o entrando dentro de los camiones que llenan sus bodegas o admirando los imponentes cañones de proa, es la vida que el barco alberga, desde peces cocodrilo, hasta tortugas que buscan en él cobijo para echar una cabezadita…

Mientras, entre inmersión e inmersión, la paciente Bea procuraba darnos el curso de Nitrox que habíamos contratado. Nosotros (Marina y yo) intentábamos no dormirnos y atender, incluso creo que a veces hicimos el intento de hacer los deberes que nos ponía, como hacer alguna tabla o leernos alguna lección del libro, menos mal que teníamos al “Pater” (Carlos) que si atendía.

Cuando llegó el día del examen conseguimos copiarlo entero de el de Carlos, y por fin conseguimos nuestro título.

El viaje llegó a su fin, aunque yo me habría hecho otras 20 inmersiones más. La última noche, además de acordar la correspondiente propina para la tripulación, salimos a cenar a Sharm el Sheik acompañados y fabulosamente guiados por Hamid.

Estuvimos en un lugar que no recuerdo como se llamaba pero que estaba en la zona donde están todos los locales de copas. Tomamos alguna que otra y admiramos un precioso baile típico egipcio.

Creo que de esa noche me quedan dos recuerdos especiales. Uno el buen ambiente que tuvimos con Hamid, quien liberado de su función de guía, hasta nos confesó que entendía que nos gustara ir a nuestro aire, el otro, la última conversación por teléfono que tuve con Bea, a quien después de agradecer su paciencia y reconocerle su excelente profesionalidad, conseguimos despedirnos casi con nostalgia.

Del viaje que me queda? Sin duda las pirámides y el fondo de un mar que jamás olvidaré.

Tortuga Mar Rojo

Pez Reja Mar Rojo

sábado, 2 de abril de 2011

Egipto; Expedición al Mar Rojo (todo lo que toquéis, puede heriros o mataros)

Escritura árabe

Al día siguiente visitamos el museo egipcio de El Cairo. Como Carlos ya lo había visitado, se quedó fuera y nos ofreció muy amablemente la Lonely para que pudiéramos guiarnos por su interior. Nos indicó que era lo que teníamos que ver y en que página se encontraba la información, así que nos metimos en el museo, guardamos la guía en la mochila para no hacerla ni caso y nos dedicamos a deambular entre momias, vasijas, sarcófagos y como no, a admirar la maravillosa mascara de Tutankamon.

Después de volver a visitar alguna que otra mezquita más, el día llegaba a su fin, así como nuestra estancia en el Cairo. La mañana siguiente comenzaría una nueva aventura, comenzaríamos a explorar las profundidades del Mar Rojo.

Me marchaba de la ciudad sin respuesta a muchas preguntas extrañas:

- ¿Por qué en muchas casas aunque no tengan para comer, se gastan el dinero en parabólicas?

- ¿Qué podría haber sucedido en esa ciudad, para que todos los techos se vieran como si hubiera habido un terremoto?

Techos de los edificios de El Cairo: Egipto
Desde luego es un lugar que no te deja indiferente, una ciudad que, debido al sofocante calor del día, tiene una impresionante vida nocturna, hasta el punto, que una noche, asomado en la terraza del hotel, pude ver varias familias paseando con sus hijos de 4 o 5 años a las 4 de la mañana.

De todas maneras, era una aventura que acaba para dar comienzo a otra.

Nos levantamos pronto para coger el avión que nos llevaría a Sharm el Sheikh. Cuando llegamos a El Cairo era de noche, pero sin embargo ahora volábamos de día, esto hizo que pegara mi cara a la venta absorto en los paisajes que íbamos recorriendo.

Sobrevolamos un enorme desierto que nos regalaba impresionante imágenes. Cuando por fin llegamos al Sharm el Sheikh, la ciudad comenzó a aparecerse como si fuera un oasis artificial. Empezábamos a ver zonas verdes y palmeras sin poder entender cómo podrían vivir con la aridez que les rodeaba.

En el aeropuerto nos esperaban para llevarnos directamente al barco en el que pasaríamos los siguientes 7 días, el Sea Queen II.

Llegamos al puerto y embarcamos. Estuvimos un buen rato allí mientras elegíamos camarote, nos acomodamos, explorábamos el barco y fuimos conociendo a nuestros compañeros de viaje.

En esta ocasión y para evitar problemas, Carlos se apropió un camarote para él solo, Marina y yo ocupamos uno doble para poder hablar y reír hasta las tantas sin molestar a nadie.

Cuando por fin estuvimos todos listos, el barco zarpó y nos ofrecieron el primer breafing de bienvenida.

Bea era nuestra guía oficial, nos dio la bienvenida, nos informó sobre todo lo referente al barco, como serían nuestros próximos días abordo, por qué zonas navegaríamos y bucearíamos y finalmente nos realizó una importante advertencia, un aviso que jamás olvidaré. ¿Por qué?, pues supongo que porque es lo que todo aventurero desea oír cuando comienza una nueva aventura:

- Tened en cuenta que ahí abajo, todo lo que toquéis, puede heriros o mataros.

Cuando oí esas palabras, supe de inmediato que quedarían grabadas a fuego en mi memoria para siempre, mis ojos se abrieron y creo que hasta se me podría haber caído la baba, sabiendo que estaba a las puertas de una experiencia de esas como las que había soñado tantas y tantas veces cuando era pequeño.

Ante semejante advertencia… ¿Quién se puede resistir descubrir todo lo que el Mar Rojo le puede ofrecer?

Morena Mar Rojo






domingo, 27 de marzo de 2011

Expedición al Mar Rojo; Segunda parte: Explorando las pirámides

Escarpiiiiiin en la pirádime de Keops

Continuación de: Expedición al Mar Rojo; Primera parte: Viaje al Cairo

La noche fue movidita, Carlos se durmió enseguida pero Marina y yo estábamos animados y no podíamos dejar de hablar y reír. Para no despertar a Carlos nos bajamos a la discoteca del hotel, pero cuando vimos que en ella solo había hombres metiendo billetes entre las braguitas de unas chicas que bailaban, nos volvimos a la habitación corriendo sin entender la relación entre los bañadores que habíamos visto en la piscina y la ropita interior que habíamos visto en la discoteca.

Al llegar a la habitación y aunque nos parapetásemos en la bañera para que no se oyeran nuestras risas acabamos despertando a Carlos que nos gruñó en repetidas ocasiones.

A la mañana siguiente todo el mundo andaba quemado, Carlos porque no le habíamos dejado dormir y Marina y yo porque el día anterior acabamos hasta la coronilla de la Lonely, así que se la escondimos.

Cuando subimos a la habitación después de desayunar y viendo que Carlos puso la habitación patas arriba acabamos devolviéndosela.

Nos fuimos a visitar las pirámides con un taxista que el día anterior nos había ofrecido un buen precio por la visita y que acabamos adoptando como nuestro taxista particular.

Llegamos a Giza y por fin pude ver lo que durante tantos años había soñado, La imponente pirámide de Keops flanqueada por sus dos escoltas, Kefrén y Micerinos y detrás de ellas, un impresionante desierto.

Me acerque despacio a la pirámide de Keops, no me quería perder ningún instante, ninguna de las sensaciones que ese momento me estaba ofreciendo. Podía ver las inmensas moles de piedra que la formaban y todos los documentales que había visto sobre su historia se agolpaban en mi cabeza.

Nos enteramos de que estaba permitido entrar, así que no desperdiciamos la oportunidad. Si bien, la pirámide por fuera resultaba realmente impresionante, entrar en ella me defraudó, solo era un largo y estrecho pasillo en el que había que entrar agachado y que desembocaba en la sala del faraón, donde solo estaba el soporte donde yació su sarcófago y las paredes habían perdido todo su color.

Atardecer pirámide Keops


La cámara me había defraudado tremendamente, pero sin embargo, en ese momento por algún motivo me abstraje, de manera que el estado de la cámara dejó de tener importancia para mí y lo único que me recorría, era la sensación de encontrarme dentro del lugar construido como tumba para el faraón Jufu.

Cuando salimos de la pirámide, comenzamos a pasear por los alrededores y al llegar a la de Micerinos, un chacal subido en una de sus piedras nos observaba como quisiera darnos la bienvenida.

No me cansaba de deambular entre ellas, pero todavía nos faltaba una maravilla más por disfrutar, la gran Esfinge.

A pesar de encontrarse en pleno proceso de restauración ya que parece que “sufre una enfermedad” resultaba igualmente fascinante.

Cuando salimos nos dirigimos disparados a una especie de McDonalds pero en plan árabe con hamburguesas de Kebab o algo así, con la única intención de refugiarnos del calor y aprovecharnos de su aire acondicionado mientras nos hidratábamos, pero como los ánimos andaban algo caldeados desde la noche anterior, acabamos con un enfado pasajero que propició que Carlos se fuera por su cuenta al Museo Egipcio de El Cairo mientras Marina y yo nos fuimos con nuestro taxista a continuar nuestro tour.

Nos dirigimos visitar la más antigua de las pirámides, Sakkara, la primera pirámide escalonada de la que se tiene constancia.

La entrada impresiona, ya que se realiza mediante los restos de un enorme templo. El templo si era bonito, la pirámide no impresionaba mucho por fuera y además no permitían el paso a su interior, sin embargo a unos metros se encontraba una pequeña tumba donde si permitían el paso. El estado de conservación era excelente, los dibujos mantenían sus colores y estaba compuesta por varios pasillos y cámaras.

Pirámide de Keops y Esfinge


Había un vigilante que nos dijo que estaba prohibido hacer fotos y grabar video, aunque en realidad no estoy muy seguro de que no fuera uno que se había puesto ahí para recaudar algún dinero a cambio de dejar usar las cámaras.

Marina y yo pasamos el rato jugando al gato y al ratón con él hasta el punto de que el hombre se volvía loco persiguiéndonos cuando nos separábamos para despistarle.

Después nos dirigimos a visitar Menfis, la antigua capital del imperio egipcio, en la que a pesar de no quedar casi nada se conservan algunas estatuas realmente imponentes.

Regresamos al hotel y después de hacer las paces con Carlos y volver a refrescarnos en la piscina de los bañadores largos salimos a cenar a un pequeño centro comercial que había frente al hotel.

Nos metimos de nuevo en un MacDonalds local y de alguna manera acabamos hablando con el dueño, a quien después de mostrar su interés por visitar España, le pusimos la cabeza como un bombo hasta el punto de convencerle de que montara una franquicia en la Gran Vía.

Cuando regresamos al hotel Marina advirtió que le faltaba su acondicionador para el pelo, lo cual hizo entrar en un bucle momentáneo cuando le dije que no pasaba nada, que bajaríamos a comprar uno, a lo que respondió una y otra vez de rodillas en la cama:

- Pero si aquí no hay, aquí no hay, aquí no hay…..

Poco después se calmó y comenzamos a reírnos del tema.

Al llegar a la cama acabé derrumbándome, ya me estaba encontrando mal antes pero al llegar la noche rocé incluso el delirio. Resultó muy evidente que visitar las pirámides a 50 grados a la sombra sin cubrir la cabeza no resulta una buena idea. Víctima de una insolación de caballo me acurruqué con mis delirios en la cama mientras Marina me vigilaba.
Pirámides de Keops, Kefrén y Micerinos


domingo, 20 de marzo de 2011

Expedición al Mar Rojo; Primera parte: Viaje al Cairo


Escritura árabe


Con solo el equipo de buceo facturado y con unas camisetas, unos pantalones y unos pareos embarcaba en el vuelo de Egypt Air junto a Carlos y Marina.

Era mi primer gran viaje fuera de España, por eso, entre que Carlos se había ocupado de toda la organización del viaje y que ellos habían visitado más países, yo me iba dejando guiar en todo, hasta tal punto que fue cuando me subí en el avión cuando se me ocurrió pensar… ¿Cómo nos vamos a comunicar allí?

La respuesta de Marina sonó tremendamente segura…

- En inglés.

Cuando aterrizamos en el aeropuerto de El Cairo, buscamos al contacto de la agencia Abando. Le encontramos y nos llevó a una furgoneta con dirección al hotel Zoser, en la Avenida de las Pirámides.

Para llegar al hotel había que atravesar El Cairo, por lo que asomados por las ventanas mirábamos inquietos y comenzábamos a familiarizarnos con el caos de la ciudad, mientras el guía intentaba convencernos de los beneficios de contratarle a él y a su amigo para que nos enseñaran la ciudad durante los tres días que pasaríamos allí, antes de dirigirnos a Sharm el Sheikh a explorar las profundidades del Mar Rojo.

Al llegar al hotel por fin nos deshicimos de nuestro proyecto de guía y nos encontramos con nuestra primera sorpresa.

Carlos había reservado una habitación doble con una cama supletoria para los tres. Marina y yo nos quedamos extrañados, sobre todo sabiendo que Carlos a las diez o como muy tarde a las diez y media recibe todos los días de manera puntual la visita de Morpheo y cae rendido en sus brazos, pero en fin, cuando estábamos a punto de acabar de acoplarnos recibimos la segunda sorpresa. La cama supletoria, que por supuesto me tocó a mí, estaba coja.

Por supuesto protestamos. Tercera sorpresa: lo último que nos podíamos esperar es que la solución que nos ofreciera un hotel de cuatro estrellas fuera calzar la pata de la cama con un plato de comida para perros, pero como estábamos agotados del viaje, accedimos con tal de quedarnos por fin solos.

Cama en el Hotel Zoser de El Cairo: Egipto


Al día siguiente Carlos, Lonely Planet en mano nos levantó bien temprano con intención de recorrer todas las mequitas que recomienda la guía.

Al salir del hotel cogimos un taxi, y fue ahí cuando me di cuenta que lo que Carlos y Marina sabían decir en inglés era:

- “How much?” Y “very expensive”

Por lo que haciendo memoria de las clases de inglés del instituto me convertí sin comerlo ni beberlo en el traductor oficial de la expedición.

El caso es que con el primer taxi que cogimos pudimos comprobar el tremendo caos que es el tráfico en El Cairo, los coches tienen una especie de idioma que interpretan con el claxon, un “pi” significa hola, dos, apártate, tres, disculpa, dos cortos y uno largo, luego nos vemos, en fin, es como una especie de código morse egipcio.

Además, la existencia de pasos de cebra, semáforos y policías de tráfico son meramente ornamentales, ya que no se respeta a ninguno de ellos, por no hablar de las veces que en las grandes avenidas se meten en dirección contraria con la mayor tranquilidad del mundo.

Creo que a mitad de la mañana ya había perdido la cuenta de todas las mezquitas que habíamos visitado, entre tanta mezquita, el tráfico, el insoportable calor de El Cairo y Carlos anunciándonos las siguiente cuarenta mequitas que quería visitar me encontraba agotado.

Mezquita en el Cairo: Egipto


Cuando llegó la hora de comer no teníamos hambre, al beber tanta agua para aliviar el calor teníamos el estómago lleno y éramos incapaces de comer nada.

Por fin llegamos a visitar el Zoco, el mercado de Khan el Khalili, donde todos los comerciantes pretendían llamar nuestra atención de cualquier manera diciéndonos a nuestro paso:

- Eh, Antonio Banderas (como llevaba el pelo largo, les valía como excusa simpática)

- Pasa aquí.

- Catalán? Madrileño?

- Eh, pasa aquí, yo engaño menos (y no se ponían ni colorados)

Zoco en el Cairo: Egipto


Fuimos de tienda en tienda, entrabamos e intentábamos regatear, digo intentábamos porque pasábamos más tiempo discutiendo entre nosotros que con el tendero.

Quisimos ira tomar un té al café de los espejos, ¿por qué en el café de los espejos? Pues porque lo decía la Lonely, como no.
Minarete en el Cairo, Egipto



Después de visitar dos o tres mezquitas más y subir a otros tantos minaretes volvimos al hotel en busca del fresquito de la piscina y del aire acondicionado.

Cuando llegamos a la piscina nuestra sorpresa fue total, los hombre iban en bañador como en cualquier sitio, pero los bañadores de las mujeres eran como pijamas con burka, ya que les cubría desde los pies hasta la cabeza.

Por fin cayó la noche acompañada de una temperatura mucho más soportable que el calor del día. Salimos a dar un paseo y acabamos de nuevo en el Khalili, un Zoco árabe ha de visitarse siempre de día y de noche, es como si fueran diferentes.

Por fin decidimos en que restaurante meternos, uno que encontramos paseando fuera del Zoco y que no estaba destinado a turistas.

Cuando por fin volvimos al hotel mi sensación era muy distinta a la esperada. Desde pequeño siempre había querido ir a Egipto, el mundo egipcio, las pirámides, los faraones, el Nilo… no era la imagen que transmitía El Cairo. La imagen que te llevas cuando visitas la ciudad es más bien de mundo árabe puro, mezquitas, minaretes, tumbas árabes… pero de mundo egipcio nada, ni siquiera logramos encontrar a nadie que nos llevara a un supuesto cementerio Copto que nos indicaba la guía.

En fin, al día siguiente tocaba visitar las pirámides y por fin podría tomar contacto con ese mundo que tanto me hizo soñar cuando era pequeño.

Continua en: Expedición al Mar Rojo; Segunda parte: Explorando las pirámides
Zoco en el Cairo, Egipto


Interior de Mequita en el Cairo, Egipto



domingo, 13 de marzo de 2011

Costa Rica: Expedición a un volcán activo.

Volcán el Arenal, Costa Rica
De El Arenal


Continuación de: Expedición a Tortuguero (Costa Rica)


Queríamos llegar a tiempo, ya que de ello dependía que nos diera tiempo a emprender nuestra próxima aventura, la visita a un volcán activo en el Arenal.

Emprendimos camino hacia nuestro nuevo destino emocionados por lo que allí nos esperaba, pero pronto, esa ilusión quedó temporalmente aparcada cuando comenzamos a maravillarnos mientras conducimos y continuamos descubriendo este maravilloso país.

En la carretera hacia el Arenal, poco antes de entrar en el Parque Nacional de Braulio Carrillo descubrimos unos buitres dándose un festín con un caballo muerto.
Lo cierto es que mientras conduces por allí, puedes ver estampas que a pesar de ser de lo más normales y  naturales, en nuestro mundo occidental son difíciles de ver, entre otras cosas, porque estamos demasiado acostumbrados a conducir por autopistas, mientras que nosotros íbamos atravesando pueblecitos y viendo como la gente vivía en la calle.

Por fin llegamos al Arenal, atravesamos el pueblo y nos dirigimos a buscar nuestro hotel, deseando dejar las cosas y descansar.

Por fin, después de alejarnos unos cuantos kilómetros del pueblo localizamos nuestro hotel.

Yolanda se había encargado de realizar la reserva, yo no sabía nada, solo que era un hotel algo mejor que los sitios donde habíamos dormido, por lo que esperaba algo similar a un hotel equivalente a un dos o tres estrellas en España, que inocente…

Cuando por fin llegamos a las instalaciones del Arenal Lodge los ojos se me abrieron como platos de sopa. La entrada te hacía subir una pequeña colina en el coche hasta llegar a la recepción, mientras ibas dejando al lado algunas cabañas de lujo con unos ventanales impresionantes. He de reconocer que incluso en ese momento, todavía pensaba que a pesar del aspecto del lugar, nos instalaríamos en algún ala del complejo bastante más económica (es la costumbre que tengo en mis viajes).

Cuando por fin nos dieron la llave y nos dirigimos a nuestra habitación, mi asombro se desbordó por completo. Esta se encontraba en un adosado y tenía un enorme ventanal con unas vistas hacia el impresionante volcán que me dejaron con la boca abierta.

La habitación tenía dos camas que cada una de ellas debía tener dos metros de ancho, unos sillones comodísimos y lo que más disfrutamos, llegando incluso a recrearnos, el cuarto de baño y la ducha, que después de las aventuras que habíamos corrido y de que nuestras últimas duchas en Tortuguero fueran con agua del rio, disfrutamos enormemente.

Después de cenar intentábamos vislumbrar algún atisbo de lava en el volcán, cosa que conseguíamos fugazmente ya que la ladera más activa se encontraba en el otro lado.

Al levantarnos al día siguiente por fin pudimos ver la enorme columna de humo que el volcán despide de manera constante.
Nos dirigimos a visitar la Catarata de La Fortuna, un salto de agua de unos 70 metros en un paraje verde y frondoso donde después de bajar la fuerte pendiente me decidí a darme un chapuzón. Me impresionó como la cascada empujaba el agua de forma que incluso resultaba difícil acercarse a ella.
Por la tarde nos dirigimos a disfrutar del Volcán del Arenal. Llegamos en coche a las puertas del Arenal Observatory Lodge, donde comenzamos una agradable caminata de unos 30 minutos por la selva hasta llegar a un claro con unas vistas impresionantes del volcán.

Aun era de día, y fuimos casi los primeros en llegar, por lo que pudimos coger buena posición. Si, parece mentira, pero poco después ese lugar se llenaba de gente que incluso llevaba neveras con bebidas.

Por suerte, al llegar pronto, pudimos disfrutar del silencio y la tranquilidad mientras con nuestras cámaras perseguíamos a una pareja de tucanes que jugueteaban de árbol en árbol y nos maravillaban con su canto.
Poco a poco el volcán fue reclamando nuestra atención. De repente oíamos un enorme estruendo y cuando mirábamos veíamos como ladera abajo caían unas rocas gigantescas desde el cráter.
El atardecer dibujaba tras el volcán un precioso juego de colores además de empezar a dejarnos vislumbrar con la oscuridad que poco a poco se hacía más notable, los vivos colores de la lava incandescente que acompañaba a las rocas que caían.
Cuando por fin cayó la noche el espectáculo se intensificó, pudiendo ver el volcán en plena acción. No solo la vista era espectacular, los sonidos del volcán te sobrecogían, mostrando la fuerza de la naturaleza en acción.
Poco después nos dirigimos al pueblo con intención de completar nuestro deleite con una cena como Dios manda en uno de los restaurantes de la calle principal, después de dar un tranquilo paseo por el lugar y recorrer casi todas las tiendas buscando hamacas.

Cuando al día siguiente nos dirigíamos a desayunar tuve que agacharme de repente cuando dos papagayos hicieron un vuelo rasante sobre mi cabeza. No era consciente de lo grandes que eran hasta que no los vi de cerca.
Resultaban muy accesibles, ya que por lo que se ve, estaban muy acostumbrados a los turistas, por lo que al posarse en un árbol cercano nos acercamos a observarles de cerca. Como vi que comían frutos de las ramas, cogí uno y se lo ofrecí a uno de ellos, dio buena cuenta de él y casi de mi dedo, ya que me llevé un buen picotazo.

Yolanda se animó y también le ofreció uno, pensando que sería más cuidadosa que yo y no saldría lesionada, pero con ella el papagayo se animó aun más e incluso le hizo una herida en el dedo.
Poco después disfrutábamos nuestro último desayuno en el Arenal Logde, amenizado por algunos pajarillos que revoloteaban en los arboles cercanos, e incluso algún simpático colibrí que también tomaba su desayuno de las flores.
Nuestro viaje llegaba a su fin cuando tomamos rumbo a San José para que Marina cogiera su vuelo.

Nosotros pasamos una noche más en La Alajuela antes de finalizar una de las experiencias que con más cariño solemos recordar.
Cascada de la Fortuna en Costa Rica
De El Arenal

Cascada de la Fortuna en Costa Rica
De El Arenal