domingo, 27 de junio de 2010

Escarpiiiiiin en la cima del kilimanjaro (Tanzania)

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Había quedado a las 8 en Masai Camp con Sidhoya, la agencia que había contratado para mi ascensión al Kilimanjaro. Me habían insistido mucho en quedar temprano ya que había que comenzar pronto el ascenso.

Después de ir a firmar papeles de contratación a la agencia, pasar a comprar agua y algunas otras necesidades de ultima hora por fin comenzamos el ascenso, así como a la una y media de la tarde, quizás demasiado temprano...

Mi sorpresa ya había comenzado el día anterior en Arusha cuando el tiempo era frío y nublado. Cuando traspase la puerta Marangu estaba lloviendo, lo cual pensaba que era casual. Mi guía me indicó que la lluvia en el Kilimanjaro es algo bastante habitual, al menos hasta el segundo campamento, Horombo.

La subida, a pesar de algunos repechos, no requería especial esfuerzo, y era mas bien similar a un paseo sencillo por cualquier montaña. El entorno si sorprendía, ya que poco a poco me iba adentrando en un espeso bosque en el que en algunos rincones el sol no llegaba a alcanzar el suelo. Era algo similar a lo que todos tenemos en mente cuando imaginamos una selva amazónica.

Al llegar a Mandara, estaba completamente empapado, no había parado de llover... o si? En realidad no era fácil notar la diferencia, unas nubes densas rodean la base del Kilimanjaro y cuando estás en los dos primeros campamentos te encuentras dentro de ellas constantemente.

En Mandara entre la lluvia y la humedad del ambiente me encontraba completamente empapado, igual que toda la ropa que llevaba, incluso la que iba dentro de la mochila con su cubre-mochila llegaba algo húmeda también.

El principal problema para todo el mundo en el campamento comenzaba a ser común, entrar en calor (5 grados por la noche) y mantenerse seco.


Al llegar, mi guía vino a indicarme que me prepararían un Té, luego descanso y luego cena. Mientras me contaba lo del Té, me decía que pondrían uno, algo para picar y.....
(se le iluminó la cara como si me fueran a dar un manjar imposible de conseguir) PALOMITAS DE MAIZ!!!!!

Desde entonces cada día a la hora del Té, se le volvía a iluminar la cara cuando me anunciaba que ese día también habría palomitas... Aun sigo sin entender que les parece tan maravilloso de las palomitas, y eso que me gustan.

Pronto conocí a dos pareja encantadoras Myriam y Pablo, que luego se convirtieron en compañeros de cima y los daneses Helle y Resmus, que hicieron gala de un gran tesón. También conocí una parejita de americanos, padre e hija, Alli y Jeff que eran encantadores y ella un verdadero Ángel.


Al día siguiente comenzamos pronto el ascenso a Horombo, que como el día anterior, resultó sencillo, pendiente muy moderada salvo algún que otro repechito.

En el camino me encontré de frente con un chaval que bajaba corriendo, se le veía fuerte y fibrado, unas piernas muy musculadas, se le notaban porque bajaba con una malla. Iba vestido... como lo diría? como muy montañero, y su aspecto y carrera me hizo pensar “menudo machaca, este se está bajando corriendo”.

En realidad sólo iba de Horombo a Mandara a recuperarse, ya que en el segundo campamento le había atacado con mucha fuerza el mal de altura.

Esa fue una de las primeras sorpresas, imaginaba que el mal de altura lo notaría mas arriba, pero al enterarme comencé a extremar las precauciones, que básicamente son beber muchísimo y no hacer grandes esfuerzos.

Continué el ascenso coincidiendo en ocasiones con Pablo y Myriam hasta llegar a nuestro destino.


El frío se hacía más intenso, probablemente 0 grados, y la humedad continuaba con nosotros.

Ahora, al problema de mantener la temperatura, se sumaba el del mal de altura. Vi como usaban al menos 6 camillas para bajar gente en los dos días que estuve allí. Y además todo el mundo en un momento u otro notó síntomas.
Por algún motivo soy muy afortunado en este tema, no es habitual que note nada, y sumando que iba cumpliendo escrupulosamente todas las recomendaciones, tuve la suerte de librarme en este campamento.

Al día siguiente hicimos una pequeña ruta, Zebra Rock, con la intención de coger algo de altura y acostumbrarme mas a esta. Una ruta sencilla de aproximadamente una hora y media en la que llegas a unos 4.200 mts.

En Horombo ocasionalmente se despejaba el cielo y por fin podíamos ver la cima que nos había llevado a todos allí, Uhuru. Ver como se erigía la cima ante mí, estando a 3.800 mts. Me hacía pensar que sin duda Uhuru es una montaña dentro de otra.

Si mirabas hacia abajo te encontrabas a tus pies un mar de nubes teñidas de los colores del atardecer... era un espectáculo único.

Helle estaba empezando a acusar la altura, el dolor de cabeza la acompañaba casi en todo momento, pero ella hizo de gala de un gran tesón luchando constantemente para continuar.

Al día siguiente comenzó el ascenso a Kibo. Este al igual que los anteriores no destacaba por la dificultad del terreno pero al coger altura cada vez ibas notando mas y más la dificultad al andar.

Toda la gente que me cruzaba me decía lo mismo, “es muy duro, es muy duro” me llamaba la atención, pero de momento no le di mas importancia.

Cuando llegué a Kibo, sí me sorprendió ver a bastante gente pálida, alguno vomitando y casi todo el mundo con dolor de cabeza.

De nuevo me volvieron a preparar el Té con las maravillosas palomitas de maíz. Después te dejan descansar aproximadamente 4 horas que intentas dormir, lo cual resultaba casi imposible para todo el mundo, en especial por los dolores de cabeza.

Para mí en concreto era mas un problema fisiológico y reñido con la madre naturaleza. De tanto beber, cada media hora te entraban ganas de ir al baño y claro, con ese trajín resultaba imposible conciliar el sueño, más cuando para cada expedición tenias que ponerte, los pantalones, la segunda camiseta térmica, el forro, el cortavientos, las botas para ir y a la inversa de nuevo para volver a meterte en el saco.

Fue en una de esas salidas al baño, en la que al volver y hacer el esfuerzo de subir a la litera, emplee demasiada fuerza en ello y claro, el dolor de cabeza que tanto había esquivado durante todos estos días apareció por fin.

Un litro y medio de agua le hizo desaparecer, eso sí, de nuevo los viajes al cuarto de baño, por lo que dormir se hizo imposible.

A las diez y media tocaron diana, tocaba levantarse, cenar y prepararse para la última ascensión.

A las doce me ponía en marcha con mi guía. Durante la tarde había visto como sería la ruta de ascenso. Desde el primer paso comenzaba a ganar altura con una gran pendiente, imponía, pero al menos en la noche no se veía, y causaba menos respeto.

Comenzamos el ascenso algo retrasados, una columna de luces de frontales avanzaba delante de nosotros como si fueran luciérnagas. Veíamos luces muy cerca pero a unos 50 mts. de altura respecto a nosotros.

A esa altura (4.700) mts. los primeros pasos ya son muy duros y cuando llevas media hora andando te sientes cansado y casi sin fuerzas para dar el siguiente paso.

Comienzas el ascenso con mucho esfuerzo, y lo único que ves en la noche con esa pendiente son las botas de tu guía. Cada paso que das no alcanza a adelantar tu otro pie y así, muy lentamente con un indiscutible “paso periquito” y jadeando como si hubieras subido hasta esa altura en un solo día, solo procuras ser capaz de dar el siguiente paso. Sientes que necesitas descansar pero no ha pasado cuarto de hora desde el comienzo del ascenso y te da cosa pedir un descanso tan pronto.

Cuando llegas a los 5.000 mts. El guía te avisa, y tu lejos de alegrarte de estar a esa altura, lo único que piensas es... TODAVÍA?????????

Por fin llegas a los 5.200, una altitud que en principio no dice nada, pero el guía la aprovecha para decirte que estas a mitad de camino, y piensas... – pero si solo llevo dos horas andando....- y entonces cobras conciencia de lo que pasa y de lo que va a pasar durante el resto del camino. Tu guía te engaña!!!!! Si, lo hace, pero se crea un juego en que ambos conocéis y que sin embargo ambos aceptáis. El te miente y tu te lo crees con tal de pensar que queda menos para la cima.
Que estamos a mitad de camino? Genial!!! Pues toca descanso, es lo obligado en toda mitad de todo camino no?

Aprovechas ese descanso como si fuera el último, crees haber reunido fuerzas suficientes como para acometer el resto del trayecto pero... no. Después de cinco minutos vuelves a necesitar descansar, parar como si te fuera la vida en ello. Sientes el corazón latiendo como si fuera a salir de tu cuerpo y sabes que no puedes parar tan pronto. Cada vez con mas frecuencia te viene a la cabeza el significado de Kilimanjaro.... "Montaña imposible de escalar"

De todas maneras lo de parar ya se convierte en una utopía. Cuando ya no puedes mas y le pides un descanso a tu guía, este te dice:

- No, no es bueno parar para ti, sigue, despacio... despacio...

Despacio???????? Eso pensaba yo hasta que al llegar a Gilman´s Peak me doy cuenta que hemos adelantado a todas las lucecitas que llevábamos delante menos a dos. Me dan ganas de decirle

- Despacio mamón???????? A esto le llamas tu despacio???????

Pero lo cierto es que no soy capaz de imaginar una forma de andar más lenta.

Al llegar a Gilman´s pienso,

- Por fin, aquí podré descansar, podré resguardarme del frío en una roca y sentarme a recuperar fuerzas al menos diez minutos.

Imposible, sopla un aire gélido en todas direcciones y a pesar de ser una zona rocosa con muchos recovecos, es imposible situarse en ningún sitio donde no te azote el viento.

Mi guía me pregunta:

- Estas bien? Seguimos a Uhuru?

Completamente destrozado la única respuesta puede ser... SI.

Recuerdas que lo difícil es llegar a Gilman, eso dice todo el mundo, el resto es un paseo en llano, con una mínima pendiente.

Bien, y por si se me olvida mas adelante, me gustaría dejar claro que..... ESO ES MENTIRA!!!!!!!

El recorrido a Uhuru es mas empinado de lo que imaginas y además estas andando a una altura de 5.600 – 5.700 mts, por lo que no solo el esfuerzo es enorme, sino que el frío hace que no sientas los dedos de las manos aun llevando una capa de guantes de forro polar y encima otro par de guantes de goretex.

Al principio pienso que moviendo un poco los dedos, se pasará, que será algo hasta que vuelva a entrar en calor, pero no, la sensación se alarga, se alarga lo suficiente en el tiempo como para que comience a preocuparte y avises al guía. Pero cuando el te responde:

- Ya, yo tampoco los siento, pasa siempre –

Decides pasar y encomendarte a lo que te ocurra.

El camino a Uhuru se hace interminable, crees que detrás de cada loma encontrarás por fin la cima, pero no, siempre hay otra loma mas, y una detrás de otra...

Cuando por fin llegas, cuando por fin te encuentras allí, todo se olvida, no miras al suelo, andas con la mirada fija en las tablas que anuncian la altitud a la que has conseguido llegar. No te vale con llegar a esa altura, necesitas tocar esas tablas que tanto has visto en fotos y que durante la ultima noche tanto has dudado en conseguir, pero... Por fin, has llegado, por fin... LLEGUÉ.

Antes de hacerte la foto de rigor piensas en quien te ha llevado allí, quien te ha acompañado durante todo el camino, en quienes te negaron la confianza en conseguirlo, en quienes te animaron a hacerlo y como no, en quien en ningún momento dudó de que podría hacerlo, quien siempre me animaba diciendo que eso para mi estaba chupado y que te ha acompañado durante todo el ascenso.

Antes de hacerme la foto de rigor me dispuse a cumplir mis dos encargos, dos recuerdos para dos personas que ahora están allí, a 5.895 mts.

Después le pedí a Rasmus que me hiciera una foto pero con la cara desencajada y completamente pálido, se disculpó diciéndome que necesitaba irse, que no aguantaba mas ahí.

Yo ya no sentía frío, ni cansancio, solo quería disfrutar de esos minutos en la cima de África.

Después de unas fotos rápidas y de retratar el pelo helado de mi compañera de cima, Myriam,

todos mirábamos el horizonte esperando que las nubes dejaran paso al amanecer que se intuía tras ellas. No hubo suerte, por lo que tuvimos que ponernos en marcha de nuevo. Al final de ese día debía dormir en Horombo y quedaba aun mucho camino.

En la bajada olvidé todas las precauciones que había seguido durante el ascenso para prevenir el mal de altura, era algo así como – vale ya he hecho cima ya puedo hacer lo que quiera-

Baje como una bala, pero claro, bajar rápido requiere esfuerzo aunque sea bajada y ahí comenzó el dolor de cabeza que no me pude quitar hasta Horombo después de un pequeño descanso en Kibo.

El día siguiente lo dediqué entero a bajar hasta la puerta Marangu, el inicio del viaje.

Cuando llegué mi cocinero me tenia preparada una botella de champagne para celebrar lo que quizás haya sido el mayor esfuerzo de mi vida, el ascenso al pico Uhuru 5.895 mts. (Monte Kilimanjaro)

2 comentarios:

  1. Escarpiiiiin vaya viaje!!!!
    Nosotros lo vamos a hacer en agosto y tu post no me ha animado demasiado la verdad!!!!
    Puedo hacerte algunas preguntas?
    Por ejemplo, de qué no nos podemos olvidar? Hay algo que llevaban otros viajeros que dijiste "qué pena no haberlo sabido"?
    Qué te parece llevar ropa de esquí para el frío?
    No se pueden tomar calmantes?
    El agua, la lleva el guía?
    Qué hay del cansancio físico más allá del mal de altura?
    Nos darías algún consejo a una pareja de cuarentañeros bastante en forma, pero que no somos montañeros?
    Mil gracias, y de nuevo enhorabuena por el viaje y por el relato!!!!!

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  2. Hola Sonia.

    Puedes hacerme todas las preguntas que quieras ;-)

    Te voy respondiendo por partes.

    Creo que no me dio envidia nada que llevaran otros viajeros, tuve suerte y acerté con el equipaje.

    Aunque si hubo algo que me faltó, una o dos bolsas de basura. El caso es que la humedad allí es tremenda y llevar la muda lo mas protegida posible se agradece al llegar al campamento y cambiarte.

    Creo que la ropa de esquí es eso, de esquí. Yo te recomendaría llevar ropa de montaña y sobre todo no olvidarte de la ropa térmica, un juego para andar y otro para estar y dormir en el campamento.

    Si, se puedes tomar calmantes, yo te recomiendo aspirina masticable, no solo te aliviará algún dolor, sino que además es vasodilatadora y te ayudará mucho con el mal de altura.

    Del agua se encarga el guía, no te preocupes. De proveerte de ella me refiero, la que vas consumiendo la llevas tu claro.

    Con respecto al cansancio físico es más o menos llevable todo el trayecto salvo la noche de ataque a cima, esa os va a destrozar.

    Como consejo, contratad una agencia decente, yo os recomiendo Sidoya y sobre todo, preparaos mentalmente, como os he dicho la última noche os va a destrozar el cuerpo, pero a vosotros y al que vaya superprearado, lo importante es que la mente te diga que sigas, si consigues eso, haces cima y luego vuelves y me lo cuentas.

    Suerte!!!!!

    Escarpiiiiiin

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