domingo, 13 de marzo de 2011

Costa Rica: Expedición a un volcán activo.

Volcán el Arenal, Costa Rica
De El Arenal


Continuación de: Expedición a Tortuguero (Costa Rica)


Queríamos llegar a tiempo, ya que de ello dependía que nos diera tiempo a emprender nuestra próxima aventura, la visita a un volcán activo en el Arenal.

Emprendimos camino hacia nuestro nuevo destino emocionados por lo que allí nos esperaba, pero pronto, esa ilusión quedó temporalmente aparcada cuando comenzamos a maravillarnos mientras conducimos y continuamos descubriendo este maravilloso país.

En la carretera hacia el Arenal, poco antes de entrar en el Parque Nacional de Braulio Carrillo descubrimos unos buitres dándose un festín con un caballo muerto.
Lo cierto es que mientras conduces por allí, puedes ver estampas que a pesar de ser de lo más normales y  naturales, en nuestro mundo occidental son difíciles de ver, entre otras cosas, porque estamos demasiado acostumbrados a conducir por autopistas, mientras que nosotros íbamos atravesando pueblecitos y viendo como la gente vivía en la calle.

Por fin llegamos al Arenal, atravesamos el pueblo y nos dirigimos a buscar nuestro hotel, deseando dejar las cosas y descansar.

Por fin, después de alejarnos unos cuantos kilómetros del pueblo localizamos nuestro hotel.

Yolanda se había encargado de realizar la reserva, yo no sabía nada, solo que era un hotel algo mejor que los sitios donde habíamos dormido, por lo que esperaba algo similar a un hotel equivalente a un dos o tres estrellas en España, que inocente…

Cuando por fin llegamos a las instalaciones del Arenal Lodge los ojos se me abrieron como platos de sopa. La entrada te hacía subir una pequeña colina en el coche hasta llegar a la recepción, mientras ibas dejando al lado algunas cabañas de lujo con unos ventanales impresionantes. He de reconocer que incluso en ese momento, todavía pensaba que a pesar del aspecto del lugar, nos instalaríamos en algún ala del complejo bastante más económica (es la costumbre que tengo en mis viajes).

Cuando por fin nos dieron la llave y nos dirigimos a nuestra habitación, mi asombro se desbordó por completo. Esta se encontraba en un adosado y tenía un enorme ventanal con unas vistas hacia el impresionante volcán que me dejaron con la boca abierta.

La habitación tenía dos camas que cada una de ellas debía tener dos metros de ancho, unos sillones comodísimos y lo que más disfrutamos, llegando incluso a recrearnos, el cuarto de baño y la ducha, que después de las aventuras que habíamos corrido y de que nuestras últimas duchas en Tortuguero fueran con agua del rio, disfrutamos enormemente.

Después de cenar intentábamos vislumbrar algún atisbo de lava en el volcán, cosa que conseguíamos fugazmente ya que la ladera más activa se encontraba en el otro lado.

Al levantarnos al día siguiente por fin pudimos ver la enorme columna de humo que el volcán despide de manera constante.
Nos dirigimos a visitar la Catarata de La Fortuna, un salto de agua de unos 70 metros en un paraje verde y frondoso donde después de bajar la fuerte pendiente me decidí a darme un chapuzón. Me impresionó como la cascada empujaba el agua de forma que incluso resultaba difícil acercarse a ella.
Por la tarde nos dirigimos a disfrutar del Volcán del Arenal. Llegamos en coche a las puertas del Arenal Observatory Lodge, donde comenzamos una agradable caminata de unos 30 minutos por la selva hasta llegar a un claro con unas vistas impresionantes del volcán.

Aun era de día, y fuimos casi los primeros en llegar, por lo que pudimos coger buena posición. Si, parece mentira, pero poco después ese lugar se llenaba de gente que incluso llevaba neveras con bebidas.

Por suerte, al llegar pronto, pudimos disfrutar del silencio y la tranquilidad mientras con nuestras cámaras perseguíamos a una pareja de tucanes que jugueteaban de árbol en árbol y nos maravillaban con su canto.
Poco a poco el volcán fue reclamando nuestra atención. De repente oíamos un enorme estruendo y cuando mirábamos veíamos como ladera abajo caían unas rocas gigantescas desde el cráter.
El atardecer dibujaba tras el volcán un precioso juego de colores además de empezar a dejarnos vislumbrar con la oscuridad que poco a poco se hacía más notable, los vivos colores de la lava incandescente que acompañaba a las rocas que caían.
Cuando por fin cayó la noche el espectáculo se intensificó, pudiendo ver el volcán en plena acción. No solo la vista era espectacular, los sonidos del volcán te sobrecogían, mostrando la fuerza de la naturaleza en acción.
Poco después nos dirigimos al pueblo con intención de completar nuestro deleite con una cena como Dios manda en uno de los restaurantes de la calle principal, después de dar un tranquilo paseo por el lugar y recorrer casi todas las tiendas buscando hamacas.

Cuando al día siguiente nos dirigíamos a desayunar tuve que agacharme de repente cuando dos papagayos hicieron un vuelo rasante sobre mi cabeza. No era consciente de lo grandes que eran hasta que no los vi de cerca.
Resultaban muy accesibles, ya que por lo que se ve, estaban muy acostumbrados a los turistas, por lo que al posarse en un árbol cercano nos acercamos a observarles de cerca. Como vi que comían frutos de las ramas, cogí uno y se lo ofrecí a uno de ellos, dio buena cuenta de él y casi de mi dedo, ya que me llevé un buen picotazo.

Yolanda se animó y también le ofreció uno, pensando que sería más cuidadosa que yo y no saldría lesionada, pero con ella el papagayo se animó aun más e incluso le hizo una herida en el dedo.
Poco después disfrutábamos nuestro último desayuno en el Arenal Logde, amenizado por algunos pajarillos que revoloteaban en los arboles cercanos, e incluso algún simpático colibrí que también tomaba su desayuno de las flores.
Nuestro viaje llegaba a su fin cuando tomamos rumbo a San José para que Marina cogiera su vuelo.

Nosotros pasamos una noche más en La Alajuela antes de finalizar una de las experiencias que con más cariño solemos recordar.
Cascada de la Fortuna en Costa Rica
De El Arenal

Cascada de la Fortuna en Costa Rica
De El Arenal

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