domingo, 13 de junio de 2010

Costa Rica

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Llegamos al aeropuerto de San José sobre las 12 de la noche después de haber hecho escala en México. Nuestro siguiente vuelo con dirección a Drake, salía a las 7 de la mañana, por lo que nos acomodamos en el aeropuerto intentando descansar y echar una cabezadita.

La verdad es que es uno de los aeropuertos más confortables en los que he estado. El suelo estaba enmoquetado y bastante limpio y los cuartos de baño, además de bastante nuevos y bien equipados, estaban considerablemente limpios, por lo que asearte resultaba muy cómodo y agradable.

Por la mañana nos dirigimos al aeropuerto de Pavás, desde donde salía nuestro vuelo con dirección a Drake.

Como no podía ser de otra manera los imprevistos tenían que aparecer. Al encender el móvil para ver si había noticias de la llegada de Marina, recibimos un mensaje.

- He perdido el vuelo a causa del overbooking, llego un día siguiente.

La llamamos y acordamos el nuevo punto de encuentro en Corcovado. Yolanda y yo queríamos decirle que no se preocupara y que acoplaríamos todo pensando en que debería estar fastidiada por la pérdida del vuelo y nuestra sorpresa fue cuando nos respondió:

- Que va!!!! Si me lo he pasado genial, no veas que divertido era ver como la gente protestaba y la que se ha liado…..

Está claro, Marina es Marina.

Después de una pequeña escala para recoger más pasajeros en Puerto Jiménez, reanudamos el vuelo con dirección a la terminal internacional de Drake (Véase foto de la terminal)

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La terminal resultaba curiosa como pocas, el director del “aeropuerto” era un lugareño que pasaba la mayor parte del tiempo meciéndose en su hamaca y disponían de una pequeña habitación con una nevera donde proveían de refrigerios y de algunos souvenirs a los pasajeros.

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Allí nos recogieron en una furgoneta para después continuar viaje en una lancha hasta llegar al Marenco Beach & Rain Forest Lodge

El emplazamiento era impresionante, un grupo de cabañas al que se llegaba subiendo unas largas escaleras en medio de la selva.

Nos recibieron con unos zumos para calmar el calor y recomponernos del largo viaje, mientras nos explicaban las excursiones que podíamos hacer tanto con guía como solos, ya que nos entregaron un sencillo plano de la zona.

Emocionados nos instalamos rápidamente en la habitación y comenzamos nuestra primera expedición.

Nos internamos en la selva en dirección sur por el camino que marcaba el mapa, estábamos emocionados, ya que teníamos la oportunidad de explorar la zona solos, a nuestro aire.

Continuamos por la playa hasta que llegamos al Rio Claro donde encontramos a Felipe, un barquero que por una módica propina, te llevaba remontando el rio hasta llegar a una preciosa cascada.

Nada más empezar a remontar el rio, comenzamos a ver unos animales que no tardaron en sorprendernos y maravillarnos.

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Al principio veíamos unos lagartos cerca de la orilla y nuestra sorpresa fue cuando al asustarse no sólo salían corriendo para ocultarse en la maleza sino que sorprendentemente salían corriendo ¡por encima del agua¡¡¡ eran Basiliscos.

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Continuamos navegando y disfrutando de las preciosas vistas e incluso de algún pequeño Capibara.

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Poco después, Felipe amarró su barca y nos invitó a continuar andando, bueno, andando a ratos y casi escalando en ocasiones hasta que llegamos a una preciosa cascada escondida en medio de la selva.

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El regreso fue igual de bonito que la ida y al llegar de nuevo a la playa nos despedimos de él, encantados por el precioso rincón de la selva que nos había descubierto.

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Volvimos caminando al Lodge y se nos hizo de noche casi llegando, no sin un pequeño susto que nos hizo recordar, que por muy sencillo que pueda resultar pasear por la selva no hay que olvidar algunas pequeñas reglas, ya que no deja de ser un ambiente salvaje.

Yo iba despistado con mis chanclas y de repente oigo a Yolanda que detrás de mi me avisa.

- Cuidado!!!!!!!

Yo que no sabía que de que iba el tema, la miré extrañado.

- Pero es que no la has visto???? Casi pisas una serpiente y se ha deslizado entre tus piernas!!!!

No me había enterado de nada, pero fue un claro aviso de que en este tipo de ambientes hay que permanecer alerta y siguiendo unas mínimas pautas de seguridad.

Después de cenar en una preciosa terraza, nos fuimos a descansar emocionados por la nueva aventura que nos esperaba al día siguiente.

Por la mañana cuando nos levantamos, comenzaron las sorpresas. Un colibrí nos daba los buenos días mientras desayunaba en las flores que teníamos al lado de nuestra terraza. Después, cuando nos dirigíamos al comedor para poder hacer nosotros lo propio, también nos saludaba una manada de monos capuchinos jugueteando entre las ramas de los arboles del Lodge.

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Poco después nos recogía una barca para llevarnos a la isla de Caño, con intención de explorarla buceando.

En la primera inmersión nos recibió una manta raya de unos tres metros de largo.

De repente nuestro sueño se hizo realidad, nos habíamos separado un poquito del grupo, cuando 6 tiburones puntas blancas se pasearon con toda la calma del mundo por delante de nosotros. Parecía que no nos hubieran visto, y si lo hicieron no nos prestaron atención, iban recorriendo su camino y así pasaron, delante de nosotros sin más.

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Comenzamos así a disfrutar de la explosión de vida que nos rodeaba. Parecía que todos los peces vinieran a saludarnos, peces globo, cofre, cirujanos, mariposa e incluso un enorme banco de túnidos parecía querer jugar con nosotros.

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La inmersión estaba siendo espectacular y llegaba a su fin, pero justo cuando comenzábamos la ascensión hacia la barca, tuvimos que parar, tuvimos que parar e incluso intentamos bajar de nuevo, cosa que mis oídos no me permitieron después de una inmersión en sierra que les había forzado bastante, y es que un nuevo grupo de tiburones parecía haber decidido pasearse por debajo de nosotros para despedirse…

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Cuando subimos a la barca creo que no nos hizo falta contar la inmersión, en nuestras caras se podía reflejar todo lo que habíamos visto y como lo habíamos disfrutado.

Antes de hacer la segunda inmersión fuimos a reponer fuerzas a la isla. Una preciosa isla casi paradisiaca, cuando nos acercábamos nos maravillábamos con las impresionantes playas y con la vegetación casi al borde del mar, desde luego te invitaba a tumbarte y disfrutar del momento.

Al llegar y tumbarnos en la playa, comenzamos inmediatamente a disfrutar de ese entorno, de esa situación hasta que de repente!!!!!

- Pero que es esto???????

- Ostras!!! Mejor nos levantamos y nos vamos a comer.

Hordas de cangrejos ermitaños campaban a sus anchas por esas playas, agrupándose en masa en cuanto cualquier tipo de carne o alimento, (vivo o muerto) aparecía ante sus ojos.

Curiosamente eso solo sucedía en tierra firme, por lo que después de disfrutar del tentempié que nos tenían preparado, decidimos volver a disfrutar de la calma de la isla, pero en esta ocasión tumbados en el agua, cerca de la orilla.

Comenzamos la segunda inmersión y desde luego las sorpresas no habían acabado, ya que al rato una tortuga parecía no solo querer observarnos, sino entretenerse a jugar con nosotros.

Habíamos bajado a ver animales y la impresión era como si ella hubiera pensado:

- Voy a darme un paseo a ver si veo algún buzo y jugueteo un rato con él.

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Al subir a la barca continuamos comentando las dos inmersiones, la jornada había acabado y solo quedaba el viaje de regreso, por lo que nos regocijábamos con las experiencias vividas, inconscientes de que aun quedaba una sorpresa más.

De repente el barquero paró la barca y nos avisó señalando con el dedo:

- Delfines!!!!!!

Y allí estaban, jugando con las olas, saliendo a respirar, saltando y parecía que exhibiéndose ante nosotros.

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Después de un buen rato observándolos intentamos continuar la marcha, pero no era fácil, cada dos por tres volvían a aparecer los delfines y era irremediable parar a disfrutar de las imágenes que nos ofrecían.

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La aventura del día siguiente me tenía completamente emocionado, el plan era explorar la selva de Sirena y mi ilusión era poder fotografiar el Jaguar o en su ausencia el Puma.

Llevábamos un guía de lujo, José, que nos demostró, no solo un gran conocimiento de la fauna y la flora, sino una tremenda sensibilidad no solo respecto al medio ambiente, sino que también hacia los que queríamos visitarlo y descubrirlo.

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La fauna. al igual que pasó en nuestras inmersiones se mostraba ante nosotros con tranquilidad.

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Después de oír los tremendo gritos de los monos aulladores, José nos explicó como la invasión Española de Sudamérica se retraso un año debido a ellos, ya que los primeros exploradores al oírlos pensaban que eran perros gigantes y volvían atrás atemorizados.

Nos enseñó a diferenciarlos de los monos araña y una manada de chanchos (así llaman a los jabalíes) cruzó delante de nosotros, nos mostraba todo tipo de pájaros, gusanos, ranas e incluso unos pequeños Titis.

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Llegamos a la desembocadura de un rio donde José nos contó como los tiburones toro, en ocasiones se animaban a remontarlo, sobre todo cuando la marea estaba alta.

De repente salí corriendo cámara en mano, un bulto en el agua había llamado mi atención, y, aunque estaba muy lejos, me fijé con intensidad y descubrí que sin ningún lugar a dudas se trataba de la aleta de un tiburón toro.

Se iba moviendo en el agua, por lo que debía darme prisa para llegar a la orilla cerca de él antes de que se marchara, pero con el suficiente sigilo como para no asustarle.

Después de acercarme y aunque no estaba todavía a una distancia aceptable, enfoqué con el objetivo de la cámara a modo de anteojos y entonces, lo que antes era una mancha en la lejanía, cobró forma y pude ver que sin ningún lugar a dudas se trataba de…… un coco.

Con mi gozo en un pozo volví a unirme al grupo para continuar la expedición. Seguimos disfrutando tremendamente a pesar de que no aparecieran ni el Jaguar, ni el Puma, ni la Pitón.

Durante el regreso, la barca hizo una parada a mitad de camino, no recuerdo si para dejar a alguien o para recogerlo, pero al acercarnos a la costa pudimos ver una figura familiar, una chica rubia andaba acompañada de un guía.

- Marina!!!!!!!!

- Escarpiiiiiiin!!!!!!!!

Marinilla había llegado unas horas antes y se había embarcado en una excursión para hacer tiempo hasta que nosotros llegáramos.

- Y que tal la excursión?

- Muy bien, el guía me ha dicho que me comiera unas hormigas y sabían a menta.

Después de las correspondientes risas y puestas al día respecto a su viaje y nuestras aventuras, llegamos al lodge, cenamos y preparamos nuestra salida al día siguiente.

Hablamos con Sandra, la directora del lodge y nos ayudó a localizar una empresa de alquiler de coches donde reservamos uno.

La salida la hicimos en lancha dirección a Sierpes atravesando los manglares.

Cuando llegamos allí llamamos a la empresa de alquiler de coches y quedamos en un bar de la zona, donde esperamos pacientemente.

Cuando llegó el encargado con el coche, nos sentamos a organizar el pago y de nuevo comenzaron las sorpresas.

Nos habían pedido el número de tarjeta asegurándonos que solo era un mero trámite, como garantía para el alquiler y resultaba que sin haber firmado ningún papel ni haber pedido autorización, nos habían cargado el alquiler del coche. Ahora nos pedían además cargar también una cantidad importante a la tarjeta como depósito por si liábamos alguna con el coche:

- Es que nos ha pasado que se han metido con el 4x4 en el mar a hacer surf.

La cara que se nos debió quedar supongo que le haría entender que si le alquilaban el coche a descerebrados, no era nuestro problema.

Todo nos parecía muy raro, no sólo nos cargaban el importe del alquiler sino un depósito y no nos fiábamos de que luego la devolución fuera tan sencilla como nos la pintaban.

A Marina le parecía todo bien, Yolanda esgrimía fervientemente nuestros derechos, el pobre hombre (que era un mandado) hacia lo que podía, asustado, cuando llamábamos a su jefe hechos unos basiliscos (como los habíamos visto….) por si le despedían y yo, que haciendo honor a mi paciencia, esperé con calma Jacobiana hasta que se me hincharon las narices y me fui a un puesto de policía que había cerca a poner una denuncia.

He de reconocer que no recuerdo bien como acabó solucionándose el tema, entre Marina buscando cobertura y enchufes para cargar su móvil, el encargado saliendo del atolladero como podía, Yolanda esgrimiendo nuestros derechos, cada vez con menos intensidad, ya que esta decrecía de manera proporcional al aumento de mi cabreo y al policía que no se enteraba de mucho intentando poner orden.

De una manera u otra conseguimos solucionar la situación sin tener que llegar a la denuncia formal y emprender camino en nuestro nuevo 4x4.

Comenzamos camino mientras en el coche se repartían de manera sorprendente las misiones de cada uno en el viaje.

Yo conducía y decía que si a todo.

Yolanda proponía, ya que era la que más se había empapado sobre las posibilidades y con el mapa nos guiaba.

Y Marina que además de decir también que si a todo, sorprendentemente se hizo cargo del…. Bote!!!!!!



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1 comentario:

  1. Sin duda, un viaje maravilloso. Costa Rica es un lugar lleno de belleza natural.

    Las imágenes son espectaculares

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