sábado, 15 de mayo de 2010

Katmandú. La tierra media



Continuación de: Nepal: Las tierras altas del norte (El Himalaya)

Por fin y después de un vuelo bastante movido debido a los continuos vientos del Himalaya, mi amigo israelí y yo aterrizamos en Katmandú. El pobre estaba blanco, yo estaba más tranquilo ya que cuando veía que se movía mucho el avión miraba a los pilotos, y como estos se estaban tomando un té con toda la tranquilidad del mundo, pensé: mientras ellos estén tranquilos podemos estarlo nosotros.

Compartimos un taxi que me dejó a mi primero y después a él. Yo me quedé en el centro del Thamel y después de un pequeño paseo encontré un Hotel que me gustaba. 700 Rupias la noche y me aseguraron que tenían agua caliente.

Dejé mis cosas en la habitación y después de una ducha muy muy rápida (el agua salía ligeramente templada) salí a comprar alguna camisa y directo a por una buena cena.

Justo enfrente de mi hotel se encontraba el Funny Buda, un restaurante que por la noche tenía una de los pubs más animados de Katmandú.

Me comí un filetón con queso derretido, salsa de champiñones, guarnición de verduras a la plancha y patatas fritas por la friolera de 300 rupias.

Me hice amigo del camarero, un chavalín de unos 20 años que parecía bastante formal y espabilado. Como andaba cansado y prefería invertir mi tiempo en conocer Katmandú que en prepararme el viaje, le ofrecí 500 rupias si me gestionaba el transporte y alojamiento en la zona de Chitwan. Accedió de muy buen grado, por lo que el día siguiente pude dedicarme a deambular por Katmandú y visitar la plaza Durbar.

Al día siguiente, al levantarme e intentar darme otra ducha caliente, con el mismo resultado de la tarde anterior, bajé a la recepción a preguntar qué pasaba con el agua.

- Si, es normal, es que es energía solar, por eso por la tarde noche y por la mañana cuesta un poco mas.- Me respondieron-

Claro, piensas que bien, usan energía solar, limpia, no contaminante, así que no me puedo quejar…

Pues nada, salí del hotel y cogí un Shaw, una bicicleta que detrás lleva un silloncito con techo, muy pintoresco y la verdad, no especialmente cómodo.

El recorrido hasta la plaza Durbar me gustó mucho, a través del barrio del Thamel completamente lleno de tiendas, en el recorrido me encontré varios pequeños templos, más bien parecían pequeñas capillas con imágenes sagradas donde la gente iba dejando sus ofrendas.





Cuando llegué a la plaza Durbar me quedé impresionado, era una plaza llena de templos, uno al lado de otro y frente a otro más. Ibas andando y maravillándote con una construcción tras otra, cada uno de ellos era o más alto o más bonito o con mas figuras que el anterior.

Perdí la cuenta de las veces que recorrí paseando la plaza una y otra vez, era una maravilla deambular por ella mezclándose con la gente.









Decidí subir a una terraza y tomar un zumo natural, desde ella tenía una vista espectacular, podía ver a la gente deambular y como algún santón procuraba sacar el dinero a unas inglesas.



Creo que había unos tres santones zanganeando por la plaza, si, zanganeando, digo bien, porque por mucha imagen de hombres santos que tengan son verdaderos vagabundos pedigüeños, buscando una limosna fácil.


Me senté en la escalera de uno de los templos a observarles, ponían muecas de payaso a los turistas, solo con la intención de sacarle unas rupias mientras les dejaban hacerse una foto con ellos.
A pesar de su belleza había algo que me apenaba y es lo descuidada que se encuentra la plaza, llena de basura, incluso con grandes montones en alguna de sus esquinas.

Había pensado conocer algún sitio más de Katmandú, pero lo cierto es que en esa plaza el tiempo se me escapó sin darme cuenta.
Cuando volví, era ya la hora de cenar y me acerqué al Funny Buda buscando repetir el filete de la noche anterior. Mi amigo el camarero ya tenía listo mi billete y mi alojamiento en Sauraha, la pequeña localidad del valle del Terai que se encuentra justo en la entrada de la reserva de Chitwan, por lo que a la mañana siguiente cogí mi autobús con destino a mi próxima aventura en las Tierras bajas del sur.

A mi vuelta me dirigí de nuevo al hotel que se encontraba enfrente del Funny Buda. Después del viaje de 6 horas de vuelta en autobús, salí a pasear por el Thamel. Me encantaba perderme por esas calles de tiendas en las que podía encontrar cualquier cosa, desde ropa de montaña muy especializada a recuerdos budistas, hindúes, música, locales de música en directo, restaurantes, locutorios, tiendas de ropa, y todas ellas decoradas con luces y preciosas telas. Me encantaba pasear sin destino, solo mirando las tiendas, la gente pasear, los pequeños templos a mi paso.

En contra de la suciedad que encontré en la plaza Durbar, y después de acabarme un zumo que me había comprado en una tiendecita, me di cuenta de lo limpias que se encontraban las calles del Thamel, y es que no encontraba un lugar donde tirar la botella de zumo, ni en una esquina, ni a los pies de una sucia tienda…

Lo cierto es que cada tendero se ocupa de la limpieza de la entrada a su tienda, por lo que aunque me pareciera mentira, las calles del Thamel… me resultaban limpias.

Al día siguiente por la mañana me fui a visitar el templo de los monos, bueno, monos no encontré tantos, pero escalones… encontré 365 exactos. Porque resulta que la subida al templo tiene tantos escalones como días tiene el año, por lo que al subir, cuando ibas por Nochebuena ya ibas con la lengua fuera.

Claro, yo cuando vi los escalones pensé…

- Mas escalones no por favor….- Ya había tenido bastantes en las tierras altas del norte.

La subida es espectacular, llena de imágenes de Buda y pequeños templos y una vez arriba, encuentras unas construcciones realmente impresionantes. Es una verdadera lástima que la suciedad reinante en toda la zona ensucie la imagen que me podría haber llevado del Templo de los Monos.

Salí de él con la intención de visitar la Stupa de Kathesimbhu y la verdad es que después de visitar la Stupa del Templo de los Monos, no me podía imaginar que encontraría algo tan bonito e impresionante.

La verdad es que en la Stupa de Kathesimbhu no existe la suciedad que hay en otras partes, se encuentra limpia, por lo que nada te distrae para poder admirar los monumentos que en ella encuentras.

La Stupa se encuentra en el centro de una plaza que alberga tiendas, templos, restaurantes y terrazas en los tejados desde donde se puede admirar la imponente Stupa.

Una forma de rezar es dar vueltas a la Stupa en el sentido de las agujas del reloj. En el amanecer y en el atardecer, que son los momentos donde puedes encontrar la plaza más animada.


Después de visitar un par de templos, decidí tomar un zumo en una de las terrazas de los tejados de la plaza, y fue ahí, mientras me tomaba el zumo, cuando me di cuenta de cómo me habían tomado a mí el pelo.
Mientras me maravillaba con la vista de la plaza, de los templos que se podían ver más allá de ella, sobre los tejados, me di cuenta de algo extraño. Cada tejado tenía un enorme bidón negro encima. No fue difícil deducir que era para albergar agua y entonces recordé lo que me habían dicho en mi hotel días antes…

- El agua caliente funciona con energía solar…-

¿Energía solar???????????????!!!!!!!!!!!!!!

Cuando me dijeron eso yo me imaginaba el techo del hotel con sus paneles solares, bien preparadito… no no, energía solar quería decir que ponen un bidón negro en el techo y cuando el sol lo calienta, pues eso, tienes agua caliente… que manera de tomar el pelo!!!
En fin, acabé mi zumo y continué paseando y disfrutando del lugar que más me gustó de Katmandú. Cada vez más gente giraba tranquilamente alrededor de la Stupa, turistas, gente local, monjes budistas, todo tipo de gente poco a poco se iba sumando a la marea humana que rodeaba una y otra vez la Stupa girando sus rodillos.


Mi siguiente destino volvía a ser el Thamel, tenía que aprovechar los precios de material de montaña para hacer unas cuantas compras y así hice, recorrí el barrio visitando distintas tiendas, comparando precios, regateando y seleccionando material hasta que después de comprarme una enorme bolsa para poder llevar a España mis nuevas adquisiciones, di por cerradas mis vacaciones. Solo me quedaba cenar mi filete con queso y salsa de champiñones y al día siguiente coger el avión de vuelta a España. Mi aventura en Nepal había acabado, no me imaginaba que empezaría una nueva en La Terminal.


Continua en: NEPAL. Las tierras bajas del sur, Valle del Terai.(El Himalaya)











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