domingo, 23 de mayo de 2010

NEPAL. Las tierras bajas del sur, Valle del Terai.


Continuación de: Katmandú: La tierra media.

Mi amigo el camarero ya tenía listo mi billete y mi alojamiento en Sauraha, la pequeña localidad del valle del Terai que se encuentra justo en la entrada de la reserva de Chitwan, por lo que a la mañana siguiente cogí mi autobús con destino a mi próxima aventura en las Tierras bajas del sur.

El autobús estaba bastante bien, a ver, no era un autobús como los de aquí, pero por lo menos iba todo el mundo sentado.

Mi amigo el camarero, supongo que con toda su buena intención me había sacado un billete en un autobús “Air-Conditioning class” que sonar suena bien, pero al sentarte descubres qué es lo que significa para ellos el aire acondicionado. Claro, yo supongo que ellos piensan que con se mueva el aire es suficiente como para que sea acondicionado, por lo que colocan un mini ventilador al lado de cada asiento con un interruptor de perilla, luego rotulan el lateral del autobús con un “Air-Conditioning class” y se quedan más anchos que largos.

En fin, como tampoco hacía tanto calor, me dediqué a disfrutar del viaje. Supongo que a los que me vieran desde fuera les debería de parecer un mono enjaulado, ya que iba pegado a la ventana maravillándome con la gran variedad de paisajes que pude recorrer en esas 5 horas (casi 6) de viaje hasta llegar a Sauraha.

Cuando llegué allí me esperaba en “la parada de autobús” (por definirla de alguna manera) un chavalín que no creo que superara la mayoría de edad en un 4x4 por los pelos. Digo por los pelos porque cuando decimos un 4x4 nos esperamos otra cosa, y esto era un Suzuki de los pequeños, al que para cerrar la puerta tenías que echarle un pestillo como el de los de los cuartos de baño.

Me llevó al Edén Jungle Resort, un Lodge tremendamente sencillito con jardín precioso y unas habitaciones aceptables por los pelos, que a mí me parecieron una mansión.

De Nepal. Tierras bajas del Terai

De Nepal. Tierras bajas del Terai

Esa tarde no me daba tiempo a hacer ningún safari, por lo que un guía me enseñó el pueblo y un pequeño museo que tienen en la aldea.

Mientras íbamos paseando, mi guía me hizo una muy buena introducción de donde nos encontrábamos, contándome las características de la zona y poniéndome en antecedentes de la historia del pueblo Terai, un pueblo realmente fuerte y sobre todo, orgulloso de que ni guerras, ni invasiones, ni los ataques de los animales, ni la malaria hayan sido capaces de echarles de sus tierras.

De Nepal. Tierras bajas del Terai


A la mañana siguiente por fin comenzaba mi primera aventura, un safari a pie durante todo el día por la jungla.

Antes de comenzar, el director del Lodge me dijo que me esperara porque me iba a acompañar un guarda armado. Bueno, me pareció lógico, vamos a la jungla y siempre que he hecho safaris a pie el guarda iba armado, la sorpresa fue cuando apareció el guarda y me enseña su arma, ¡¡¡Una vara de bambú!!! Claro, enseguida pedí permiso para poder ir armado yo también, así que me dieron otra vara y nos pusimos en camino con nuestras dos varitas de bambú

Primeros montamos en una piragua que nos llevo río abajo durante dos horas y bordeando la jungla, nos dejó en la orilla y ahí comenzamos a caminar.

Antes de de empezar a andar el guarda me informó de los peligros de la jungla, los animales que suelen atacar, como suelen hacerlo y la mejor manera de defenderse.

• El rinoceronte ataca siempre y corre muchísimo, por lo que hay que intentar buscar el árbol más cercano y subirse a él como alma que lleva el diablo.

• El elefante ataca siempre también, por lo que tres cuartas de lo mismo (nota: o corres mucho o que el árbol sea muy grueso, sino lo derriba)

• Al tigre hay que mirarle fijamente a los ojos, no moverse y llegado el momento alejarse muy lentamente sin retirarle la mirada directa.

• Al oso perezoso no le gusta que le miren, por lo que si ataca cúbrete la cara porque irá a por tus ojos, tenemos que juntarnos, gritar y hacer mucho ruido.

• Mira bien al suelo para no pisar serpientes.

• Ojo al acercarte al río en las paradas de descanso porque hay cocodrilos enormes

Y ya no recuerdo si me habló de algún peligro más. El caso es que a mí me extrañaba tanta insistencia con los ataques de animales. En mis viajes a África he estado cerca de muchos, elefantes, rinocerontes, leopardos, búfalos, cocodrilos, etc. Y un animal es muy raro que ataque si no se siente atacado.

Con mis dudas comencé a preguntar:

- ¿Y suele haber muchos ataques de tigre?

- No, que va!!! Hace un año si hubo un ataque de un tigre a un turista y lo mató.

- Ah!

Al rato….

- ¿Y sólo ha habido ataques a turistas?

- No, hace unos meses un tigre atacó a una aldeana.

- Ah!

Al rato….

- Y de elefantes? Hay muchos ataques?

- Nooooo, no muchos, hace año y medio un elefante doméstico también mató un turista.

- Ah!

Otro rato después…

- Pero los ataques sólo son de los domésticos?

- No, hace unos meses un elefante salvaje mató uno doméstico y a su cuidador.

- Ah.

No hay muchos ataques de animales decía!!! Entre pitos y flautas cada pocos meses se liaba una!!!!

El caso es que a mí me continuaba extrañando tanto ataque y tanto peligro, seguía teniendo el recuerdo de África, donde no se respira tanto peligro.

Un par de horas después comencé a entender el porqué de tanto riesgo.

Se juntan dos factores. Uno, la cercanía de la población con la fauna salvaje y la constante lucha por los terrenos. Los animales al ver cada vez más reducido su espacio, se acercan a las siembras de las aldeas y eso produce confrontaciones. Y dos, esa jungla es terriblemente espesa, por lo que cuando ves un animal, o mejor dicho, cuando te ve él a ti, lo tienes encima y él en esa corta distancia se siente atacado, o al menos amenazado, por lo que su reacción natural es atacar para defenderse. Bueno, esa era una explicación que deduje al ver lo cerrada que era la selva, más adelante podría comprobarlo.

De Nepal. Tierras bajas del Terai


Continuábamos nuestra marcha, en ocasiones podíamos ver huellas de cualquiera de los animales que íbamos buscando, osos, rinos, tigres… hasta que de repente mi guía me hace una señal para que guarde silencio y me agache.

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Empieza a hablarme en susurros y casi no le entiendo, le hago un gesto con la mirada como preguntando qué es y oigo que dice la palabra mágica…

- Tiger

- Qué?????????

- Tiger .- vuelvo a oír entre susurros mientras me señala la maleza.

Y de repente veo moverse algo enorme entre las hojas, no soy capaz de distinguir su silueta entre tanta espesura, pero puedo ver como un enorme animal de color rojizo claro se va moviendo lentamente. Nada más empezar y tenía un tigre enorme ante mí!!!!!!! Saco la cámara, intento enfocar, imposible, sólo se ve el color moviéndose lentamente hasta que desaparece.

El enorme animal no estaría a más de 25 mts de nosotros y casi no era capaz de distinguirlo, mi pulso se había disparado de la emoción, tanto de ver a un tigre como de tenerlo tan cerca. Yo miraba al guía y como le veía tranquilo e incluso acercándose yo también lo estaba y por supuesto, le seguía intentando estar lo más cerca posible de tan magnifico animal, la pena es que no fue por mucho tiempo, ya deslizándose en la espesura desapareció.

Yo estaba loco de emoción, no es fácil ver un tigre y aunque no lo hubiera visto con claridad, había estado realmente cerca.

- He visto un tigre!!!!- le dije emocionado al guía.

Este miro a nuestro alrededor y extrañado me preguntó:

- Dónde?

- Cómo que dónde? Si me lo has señalado tú!!!!

- No, tiger not, “tier” (me respondió en inglés)

Se me debió quedar la cara de tonto de mi vida. Resulta que “tier” pronunciado “taier” me había sonado igual que la pronunciación de tigre en inglés “taiger”. Tier, en inglés, es una especie de ciervo, el de las pintitas blancas, para ser más grafico, la madre de Bambi. Y claro, yo que con esa selva tan espesa sólo podía ver algo enorme moverse con el mismo color rojizo que un tigre y encima como me hablaba en susurros no le entendía casi nada, me había montado solito la película que yo quería ver, así que después de dejar mi gozo bien guardadito en un pozo, continuamos la marcha.

No fue mucho después cuando por fin a mi guía se le borro la sonrisa que se le puso al ver mi cara de tonto, por lo que olvidamos rápidamente el “malentendido”.

Continuamos andando y me fue señalando algunos animales, no muchos, y es que como digo, es realmente difícil ver algo allí.

Por fin salimos a un claro. “Un claro” significa que ya no hay árboles, pero no significa que se vea mucho, ya que la hierba debía medir cerca de los dos metros.

Fue ahí cuando mientras caminábamos de repente oí detrás de mí, que digo detrás, la sentí prácticamente encima, la monumental respiración de lo que sin duda era un animal enorme, al guía le cambió la cara.

- Un rino. Corre!!!!!!!!!! – Esta vez su cara ya no era divertida, sino que podía leer en su frente “SUSTO”

Salimos corriendo como alma que lleva el diablo, hay que ver el guía de la vara la carrera que se dio. Yo iba detrás, corriendo porque él me lo había dicho, pero queriendo darme la vuelta para poder ver al rino que es lo que quería, pero al verle correr tanto pensé que era mejor hacerle caso.

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Cuando paramos el no dejaba de mirar a ver si nos había seguido.

- No, no nos sigue, le dije.

Pero él parecía no fiarse de nada y estuvo un rato asegurándose.

Continuamos y a veces me señalaba entre la maleza algún grupo más de ciervos, difíciles de ver, bien por la distancia, bien por la espesura.

Más adelante si me enseñó un animal que de verdad no esperaba encontrarme allí. En otras ocasiones cuando lo había visto, están en parques como el retiro, o recuerdo ver algunos en una islita que hay cerca de Benidorm cuando era pequeño, pavos reales!!!

De Nepal. Tierras bajas del Terai


El sol pegaba fuerte y pensando que al decirme que el safari de todo el día, no seria en realidad de todo el día, me había llevado sólo una botella de litro y medio de agua, me llegó justo para la hora de comer.

Hicimos un alto cerca de un río, donde por cierto, descansaba un enorme cocodrilo y vi como el guía sacaba de su mochila algunos taper.

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- Bien!!! La hora de comer – pensé.

El guía, muy resuelto saco una bolsa de basura nueva, yo pensé:

- Qué apañado, para no dejar nada de basura aquí.

Cuando la extendió con mucho cuidado en el suelo y sobre ella me sirvió arroz, pollo y puré de lentejas. Jamás habría imaginado que usaría una bolsa de basura a modo de plato.

Después de comer aún nos quedaba un largo recorrido de vuelta, el calor era asfixiante y no nos quedaba agua. Entramos en una zona que se había quemado hace poco, por lo que la sequedad del ambiente contribuía aún más a nuestra sed.

Seguíamos huellas de tigres, estaban por todas partes, pero el guía decía que eran muy esquivos y sobre todo solían moverse por la noche, por lo que a pesar de decirme que las huellas eran recientes, de alrededor de una hora y media, sería muy difícil encontrarle.

Al desviarnos para regresar a Sauraha, a mitad de camino de nuevo el guía se volvió a agachar de repente.

- Qué pasa? .- Le pregunté-

Me mandaba callar y miraba en la espesura mientras me hacia señas insistentes de que me agachara.

- Elefantes, allí.

Yo miraba y miraba y no veía elefantes por ningún lado, y eso que no son precisamente pequeños…

Me hizo la seña de que corriera agachado, por lo que de nuevo, como alma que lleva el diablo pero en una posición más cómica comenzamos a correr de nuevo.

Me paré y por fin, en la distancia pude vislumbrar los lomos de dos elefantes, muy lejos pensaba yo, al menos para lo que estaba acostumbrado, pero de nuevo la cara del guía expresaba mucha preocupación. Estaba claro que allí, los animales son realmente peligrosos.

Más adelante me explicó que los Elefantes además son muy inteligentes y que si sienten tú presencia son capaces de dar un rodeo para tenderte una emboscada.

Allí, y debido a las confrontaciones con los humanos, en muchas ocasiones una cría de elefante puede ver como los hombres matan a su madre y dicen que un elefante nunca olvida eso, es más, que crea un sentimiento de venganza para toda su vida contra el hombre.

Hicimos una última parada, como estábamos sedientos, el guía con un cazo hizo un agujero en el suelo cerca del río para llenarlo con el agua que se filtra hacia él. Como estará el río que ni los de allí beben de él. Me ofreció el agua y agradeciéndoselo le dije que no, cómo se me iba a ocurrir a mí beber agua de allí.

Cómo? Pues con mucha sed, porque a los cinco minutos le dije que sí y bebí, total, es agua que se filtra de la tierra, no es como la de el río que vete tú a saber qué lleva.

Poco después estábamos de regreso en el Lodge. En mi ausencia habían llegado como cuatro o cinco familias enteras de indios para alojarse en el y yo que esperaba una noche tranquila, tuve que sufrir la jarana que montaron hasta las tantas. Ese lugar placido y sereno que había conocido el día anterior se había convertido en un circo.

Mientras cenaba sin la misma calma que el día anterior la frase “deja de hacer el indio” cobró un nuevo sentido para mí, mucho más literal por cierto.

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Al día siguiente fuimos a hacer un safari en elefante. La experiencia en general no me gustó demasiado. Tenían organizado una zona de salida de elefantes y los turistas hacíamos cola para subirnos. Los cuidadores les guiaban en busca de los rinocerontes que luego vimos, una madre con su cría, pero al encontrarlos, éstos, fueron literalmente rodeados por 4 ó 5 elefantes con sus consiguientes turistas a sus lomos.

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Después del safari acompañamos a los cuidadores a darles un baño, una experiencia bonita para mí al principio, ya que al ser el primero en llegar no era consciente del nuevo circo en lo que luego se convirtió.

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Parece ser que los elefantes domésticos cumplen muchas funciones sociales para la comunidad, desde la incentivación de la economía, como la colaboración en las tareas de protección del parque nacional, colaborando en la búsqueda de furtivos y localizando animales heridos. Además disponen de 5 horas al día para pastar libremente.

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Todo lo anterior no quita para que de pena ver un animal tan magnifico sometido a base de golpes en su cabeza con una vara de madera en el mejor de los casos, ya que muchos cuidadores llevan un garfio de acero que no les vi utilizar, pero que supongo que harán sin una sensación demasiado agradable para el elefante.

Al día siguiente el safari lo hacíamos en 4x4 (ya sabéis), vimos unos 6 rinocerontes, y pasando con el coche por la misma zona donde dos días antes me había respirado el rinoceronte, vimos un macho imponente en el mismo lugar. El guía me explicó que era el mismo y el conductor (que parecía conocer aquel rinoceronte) me dijo, ése está loco. No fui capaz de entender porqué lo decía.

Paramos en un río donde un gavial descansaba en la orilla y después de ver algún ciervo más en la espesura y unos cuantos pavos reales volvimos a Sauraha.

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Al día siguiente me dejaban de nuevo en “la parada del autobús” (un descampado de arena en las afueras del pueblo) y volví a pegarme a la ventana a disfrutar de los paisajes, los camiones tuneados y las cabras en los techos de los autobuses.
Continua en: La Terminal

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4 comentarios:

  1. Desde luego ya le haces honor a tú nombre "Escarpiiiiiin aventurero" buenísima la crónica ¡¡¡
    Un bezzzzo
    Marina Presidenta de tu Club de Fans :-)

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  2. Ayssss Marinilla!!!!!!!! muchas gracias presidenta. Intento hacer honor a ese nombre, que te voy a contar a ti, viajando tanto como podemos no?

    Besos

    Escarpiiiiiin

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  3. Que viaje mas chulo, ojala pudiese ir contigo porque me molaria vivir aventuras sorprendentes.

    Un beso.

    De tu pelotilla salada.

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  4. Hola Pelotilla Salada.

    Ummmm interesante... Estoy seguro de que llegarás a ser un gran aventurero y un gran montañero.

    Seguro que iremos juntos a vivir grandes aventuras, para todo lo que quiera aprender aquí me tienes.

    Escarpiiiiiin

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