domingo, 15 de mayo de 2011

Costa Rica. Llegando a Jaguar de Oro




Después de una rápida escala en Bogotá por fin aterricé en el aeropuerto de San José. Eran las 12 de la noche y mi siguiente vuelo salía a las 6:45, por lo que no me interesaba salir y buscar alojamiento. Por eso ya llevaba decidido pasar noche en el aeropuerto.

Cuando llegué a él, me dispuse a reconocerlo para buscar el mejor sitio para dormir y, enseguida volvieron a mí los recuerdos de mi anterior viaje. El aeropuerto estaba igual, rápidamente encontré el lugar donde un par de años atrás había dormido con Yolanda, y no me costó mucho decidir que sería ahí donde pasaría mi noche.

Al día siguiente tempranito, me dirigí al aeropuerto de Tobías Bolaños, donde un vuelo interno me llevaría a Puerto Jiménez. Mi sorpresa fue que cuando iba a sacar mi tarjeta de embarque, la chica del mostrador me indicaba que la reserva del vuelo no era correcta, sino que esta era para las mismas fechas, pero del mes de febrero. Como buena “tica”, y haciendo gala de su amabilidad, se metió en la oficina para ver que podía hacer por mí. Al rato volvió diciéndome que podría cambiar las fechas por tan solo 30 $, así que pude continuar mi viaje sin mayor problema.

Mientras sobrevolaba el país, podía ir observando sus selvas, y ya me veía en ellas viviendo un sinfín de aventuras.


Nada más aterrizar en Puerto Jiménez me dirigí a la Oficina del Parque Nacional de Corcovado. Tengo que decir que es la excepción que confirma la regla. Si bien todo el mundo que he encontrado en Costa Rica en los dos viajes ha sido tremendamente agradable, la gente de esta oficina no destacaba precisamente por su amabilidad.

A pesar de haber leído en la web que debía reservar con un mes de antelación, iba sin reserva. Mi plan de perderme en la selva, así lo requería.

Nada más llegar a la oficina me indicaron que todos los alojamientos estaban al completo, no resultó especialmente fácil que me informaran de que podía pasar noche en un camping que se encuentra pegado a la entrada de Los Patos, El Jaguar de Oro Ecocamping. Incluso cuando quise reservar 8 días me pusieron pegas:

- Es que no se puede reservar más de 5 días.

- ¿Por qué? ¿Entonces tengo que venir de Los Patos aquí a volver a pedir el permiso?

- Si

- ¿Por qué?

- Porque no sabemos cómo estarán las reservas dentro de cinco días.

- ¿No lo sabréis? Pero si obligáis a reservar con un mes de antelación, claro que lo sabréis, y además no me estás reservando alojamiento….

A regañadientes me dejaron reservar la entrada al parque por 8 días, pero dejándome muy claro que no podría dormir dentro, y que debería entrar y salir todos los días durmiendo fuera del parque.

Acepté, ya que esta situación venía muy bien para mis planes, así que tras aprovisionarme con un par de botellas de agua, un bloqueador, alguna cosilla más y un cuchillo que resultó un estupendo compañero de viaje, tomé un autobús para que me llevara a La Palma.

Llegué prontito, por lo que aproveché para dar un paseo, probar por primera vez en este viaje el típico Gallo Pinto y tomarme unos cuantos frescos naturales (Zumos) en un par de bares que había en la carretera, donde en uno de ellos, una simpática chiquilla para mi sorpresa me pidió un autógrafo. Resulta que coleccionaba en un cuadernito de firmas y autógrafos de todos los extranjeros que visitaban su bar.




Estaba esperando el transporte colectivo que suele llevar a los turistas a la entrada de Los Patos, finalmente yo era el único que ese día realizaría el trayecto.

El conductor me dijo que no le interesaba llevarme, que por los 10$ que me iba a cobrar no le traía cuenta, pero como me había dicho que me llevaría, ahora no me podía dejar tirado. Fuimos charlando todo el camino, por lo que al llegar, entre que había sido simpático y que se había portado muy bien conmigo, le dejé una propina (esto influiría sin yo saberlo en el desarrollo de mi viaje).

Al llegar, Donny y su hermano, los responsables del Ecocamping Jaguar de Oro, casualmente andaban en la estación, así que me los presentó y después de charlar un poco con el vigilante de la estación, nos fuimos al campamento.

El vigilante me informó, como ya habían hecho en la oficina del parque, que la estación ya no acoge visitantes, por lo que los que antes se alojaban ahí, ahora solo tenían como opción el camping.

Me dijo que al día siguiente me firmaría la entrada al parque. Yo le decía que quería salir muy temprano, y que si me firmaba ya las 8 entradas al parque que tenía permitidas, me ahorraría ese trámite diario. No hubo manera, así que finalmente me dirigí con Donny al campamento.

De camino a él, rápidamente resultó evidente la buena sintonía que tendríamos Donny y yo el resto de los días.

Al llegar al camping me indicaron donde podía instalar mi hamaca (no llevaba ni tienda, solo una hamaca ligera comprada en Decathlon), y después de una reconstituyente ducha, nos pusimos a charlar.

Al decirles que había venido a buscar Jaguares, Donny me indicó que él había trabajado durante mucho tiempo en varios estudios sobre ellos. Había trabajado, y continuaba haciéndolo con Roberval Tabares, un experto jaguarólogo que lleva quince años trabajando por la conservación de los Jaguares y del entorno de la península de Osa.

- Pues yo he venido solo a eso, a buscar Jaguares, he traído incluso Obsesion, de Kalvin Clain.

- ¿Obsesion de Kalvin Clain???? ¿En serio???? Yo la he usado mucho!!!!!

Después de varias risas y charlas le dije a Donny:



- Bueno, pues ya sabes que busco…. ¿Te animas?

No me hizo falta hacerle el ofrecimiento dos veces, su sí, fue rotundo.

Continuamos la noche charlando y preparando nuestra expedición. Me dijo que hacía no mucho había escuchado el rugido de un Jaguar desde el campamento, así que el día siguiente como primera toma de contacto, nos dispusimos a rastrear la selva cercana al camping para ver si encontrábamos huellas.

Salimos temprano, íbamos en dirección contraria al Parque Nacional, casi atravesando la selva, ya que en esa zona no había más caminos que los que los animales iban creando a su paso. Encontramos huellas y marcas de Puma, y poco después encontramos el motivo por el que los felinos merodeaban por la zona, una manada de Chanchos deambulaba por allí. Pudimos acercarnos bastante, hasta que el vigía de la manada nos olió y emitió su grito de alarma, lo que hizo que todos salieran corriendo.

A mitad de camino Donny señalo a unos árboles, un polluelo de Gavilán blanco había caído del nido y estaba abandonado en una rama.

Donny me explicó que estaba condenado, que una vez que los polluelos caían del nido las madres ya no los buscaban, por lo que fuimos a rescatarlo y lo llevamos al campamento para cuidarlo hasta que pudiera valerse por sí mismo.



Mientras tanto, bautizaron al polluelo como “Escarpiiiiiin”, lo cual me honró mucho.

De regreso pasamos por la estación para ver si el vigilante me firmaba las entradas, pero no había manera, me indicó que debería ir todos los días por la mañana. Pero cosas del destino, el conductor del transporte colectivo estaba charlando con él. El vigilante me dijo que como excepción y como el conductor la había dicho que yo era un gran amante de la naturaleza (se ve que mi propina influyó en esa opinión sobre mí) me permitiría que al día siguiente saliera especialmente temprano, por lo que ya me dejó esa entrada firmada. Me vino genial.

Pasamos el resto de la tarde y parte de la noche, conociendo la fauna que visitaba el campamento.



El día siguiente salimos muy temprano, la idea con Donny era llegar al rio Sirena y volver aunque fuera tarde. Al menos, ese era el planteamiento “oficial”.



1 comentario:

  1. Muy buena introducción a tu viaje Escarpín, espero ver pronto la siguiente entrada y ver como se va desarrollando la busqueda...

    Un abrazo
    Carlos

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