domingo, 12 de septiembre de 2010

Viaje a Malasia, explorando Borneo

De Borneo

Después de habernos planteado algunos destinos del sudeste asiático como Camboya, Laos, Vietnam, Tailandia y alguno más que ya no recuerdo, nos decidimos por Malasia, concretamente la isla de Borneo.

Desde ese momento mi imaginación comenzó a volar como cuando era pequeño. Las aventuras de “Sandokan, el tigre de Malasia” se agolpaban en mi cabeza, y la expectación por las aventuras que me disponía a vivir me emocionaban.

De Borneo

Yolanda comenzaba a empaparse en foros, blogs y guías de viajes buscando las mejores posibilidades para nuestro nuevo destino. Yo, como siempre, lo dejaba todo en manos de la improvisación, pensando que una vez allí, no resultaría difícil encontrar aventuras para vivir.

Después de recopilar un sinfín de información, Yolanda me advirtió:

- En Borneo no va a resultar sencillo ir por nuestra cuenta, deberíamos reservar al menos lo que más nos interese, sino, nos podemos quedar sin verlo.

- Bah!!!, seguro que una vez allí todo resulta más sencillo que viéndolo por internet.- Respondí seguro de mis capacidades de improvisación.-

Finalmente nos decidimos por reservar un día de buceo en Sipadan al principio del viaje, ya que al parecer, estaría lleno al ser temporada alta.

También reservamos unos días en la selva del norte de Borneo, en el río Kinabatangan.

Ante la insistencia de Yolanda, acepté contratar también desde España unos días en la Reserva de Tabín.

Mi primera sorpresa llegó cuando al enredarme por mail con la gente de la Reserva en un “quítame aquí estos días y un ponme aquí estos otros” recibí un mail en el que me decía:

- “Siento comunicarle que acabamos de recibir la reserva de un grupo numeroso y nuestras instalaciones han quedado completas. Por este motivo no podemos atender su demanda”

Bueno, como soy de carácter optimista pensé que tal como le había dicho a Yolanda “Allí todo resultaría más sencillo”

Por fin llegó el gran día, embarcábamos en nuestro vuelo con dirección a Kuala Lumpur vía El Cairo.

Cuando por fin llegamos a la capital Malaya tomamos un autobús hacia el centro de la ciudad en compañía de Nuria, una simpática chica que visitaba por segunda vez el país.

Ella tenía reserva en un Backpackers del Chinatown, casualmente en el mismo que Ivana , una chica de la Republica Checa que nos encontramos en la estación de autobuses.

Dimos varias vueltas buscando la calle y de paso íbamos viendo la ciudad, aunque en la zona por donde nos movíamos solo había suciedad y edificios en un estado deplorable.

Llegamos al Backpackers y no había habitaciones. Bueno, no hay problema, mientras ellas se asean y se cambian nosotros buscamos alojamiento, total, estamos en pleno barrio chino, tiene que haber sitios para dormir a patadas.

Nos recorrimos el barrio de arriba abajo. Aquí seguía habiendo suciedad, aunque no tanta, o al menos como la calle estaba más concurrida no era tan notable. Era curioso ver como los restaurantes salían a la calle, sí, como lo digo. Sacaban las cocinas a las aceras. Carnes, pescados, frutas desconocidas para mí, incluso unos sapos enormes metidos en urnas de cristal se exhibían y daban saltos esperando algún turista con ganas de probar algo nuevo.

Pasamos por la calle central de Chinatown, era un “todo a 100” gigante, allí vendían de todo, ropa, bolsos, relojes, zapatos, artesanía…montones de puestos llenaban la calle y un gran número de gente se agolpaba buscando algo interesante. Nosotros no nos paramos a mirar nada, sólo teníamos una cosa en mente, encontrar una habitación lo antes posible. No encontramos ni una sola cama, y como habíamos quedado para cenar los cuatro juntos, regresamos al backpackers pensando en continuar nuestra búsqueda después de cenar.

De Borneo

Empezamos pidiendo unos cocos para hacer tiempo mientras ellas llegaban, la carta era de lo mas apetecible, gambas, cangrejos, verdura, pollo, noodles, arroz, sapo… Todo cocinado de diferentes maneras y con tanta variedad era difícil decidirse. Yolanda quiso probar el sapo y yo pedí cangrejos fritos con mantequilla, Nuria pidió unos noodles y checa gambas con arroz.

De Borneo

De Borneo

Todos probamos un poco del plato de los demás, lo mejor el cangrejo. Nuestra primera cena en Kuala Lumpur había sido de lo más agradable, buena comida y mejor compañía sentados en una mesa en medio de la calle.

Cuando terminamos era cerca de la una de la mañana y nos despedimos de Nuria y Ivana para reanudar nuestra misión, buscar algún sitio donde dormir.

Entre la cena y la charla el tiempo se nos había echado encima, y cuando salimos del barrio chino, nos encontramos todo prácticamente cerrado.

Estábamos intentando coger un taxi e irnos hacia las Torres Petronas, seguramente allí había más hoteles y mejores. Nos acercamos a un taxi al tiempo que el conductor salía para entrar en un Macdonalls. En la puerta estaba uno de los camareros y le preguntamos sobre algún sitio donde dormir sin ninguna esperanza de que nos pudiera ayudar. De hecho nos respondía que no tenia ni idea cuando salió el que parecía su jefe y se interesó por nuestra búsqueda. Sacó una tarjeta de la cartera donde un nombre “Jerry” y un teléfono eran las únicas indicaciones, le explicó al camarero por donde tenía que llevarnos y le dijo que nos acompañase.

Confiados nos fuimos tras el chico del McDonalds mientras nos decía que el sitio estaba más bien cerca. Bueno, confiado yo, porque Yolanda después de alejarnos de la calle principal y adentrarnos en callejuelas oscuras y vacías me dijo que la situación no le gustaba nada y que porque no cogiamos un taxi y nos íbamos a las Petronas como habíamos previsto.

Cuando llegamos entramos en un callejón y subimos al primer piso de un portal cochambroso. Al final de la escalera había una reja delante de la puerta. Cuando se abrió asomo la cabeza de un chico joven y en malayo nuestro guía le debió explicar nuestra situación. El sitio era de lo más cutre y le pregunte a Yolanda temiéndome que no quisiera quedarse en un sitio así.

- Mira! Yo estoy cansada de buscar, hacemos lo que quieras.

- En fin, son las tantas, andamos dando vueltas por la ciudad con todo el equipaje encima y el cansancio nos esta haciendo mella. Pensamos y aceptamos sin muchos miramientos.

El tal Jerry resultó todo un personaje y el lugar… intentaré describirlo.

Las boas de plumas colgaban por cada esquina, la moqueta roja y las luces de colores reinaban por toda la casa, incluso una farolito verde adornado con su correspondiente boa presidia la cama.

Lo que realmente nos extrañó es que con semejante decoración no viéramos chicas, sólo hombres que con la toalla a la cintura pasaban a ducharse al baño compartido. Al final llegamos a la conclusión de que aquello era un lupanar en toda regla.

Yolanda no salía de su asombro. No iba al baño sola, yo la esperaba en la puerta y cuando entraba salía corriendo diciendo.

- Pero si no hay papel ni cisterna!!!

- No hay luz ni cerrojo dentro!!

Yo me reía viendo a Yolanda despotricar por todo.

- No hay papel porque en estos países no se usa, utilizan la manguera que hay al lado del bater para limpiarse y en vez de cisterna se echa agua con un cubo.

- Qué?????????? Eso es una guarrada!!!!!!!

Yo ya lo había visto en alguno de los países que he visitado y no me extrañaba en absoluto, pero Yolanda alucinaba con eso y con todo lo que veía desde que cruzó la puerta de aquel antro.

Yo estaba cansado del viaje, por lo que nada más tocar la cama, caí rendido en los brazos de Morfeo. Sin embargo la intranquilidad se había apoderado de Yolanda.

Es cierto que nuestra puerta y la pared se abombaba cuando presionabas el interruptor de la luz, las paredes eran de cartón y aislaban poco, todo lo que sucedía fuera parecía que estaba sucediendo en el interior. Por esto, Yolanda pegaba un bote en la cama cuando abrían la puerta de al lado, ya que la sensación era la misma que si estuvieran abriendo la nuestra y me clavaba las uñas diciendo:

- Joseeeee, entra alquien!!!!

- Que nooooo, que es en la puerta de al ladooo.

Poco después…

- Ahora sí que entran!!!!!

El caso es que entre tanto sobresalto le era imposible conciliar el sueño, y cuando quise abrir un ojo me la encontré vistiéndose, cuando le pregunté donde iba me respondió:

- A dar una vuelta.

Yo que aún andaba dormido, no sabía muy bien cómo funcionaban los horarios allí, ni cuando amanecía ni cuando atardecía y yo, con el sueño que tenía, pensaba que debía ser muy de noche aún, pero conociendo mi pasión por dormir pensé que sería cosa mía.

El caso es que para asegurarme me asomo a la ventana del cuarto de baño y corroboro mis impresiones, oscuro como la boca del lobo y en la calle ni un alma.

Me visto, recogemos nuestras mochilitas y abandonamos ese sitio en busca de algún lugar donde tomar un café.

Cuando salimos a la calle Yolanda me dice:

- Anda!!! Pero si es de noche y no hay ni Dios!!!

En el camino hacia el metro sólo encontramos gente montando periódicos en plena calle para tenerlos listos al amanecer, y miles de cucarachas que se apartaban a nuestro paso.

Encontramos un Seven Eleven con aspecto cochambroso y cuál es mi sorpresa cuando al ir a pagar, la chica me pasa un lector de código de barras por el vasito de café y veo como con un moderno programa de gestión me dice cuanto le debo. A lo largo de nuestro viaje por Malasia fuimos viendo que en el sitio más insospechado te encuentras lo último en tecnología.

Buscando qué hacer a las 5 de la mañana en Kuala Lumpur decidimos irnos a las Petronas, y viendo lo temprano que era pensamos que ya que estábamos podíamos subir a verlas.

De Borneo

Tras una larga espera de tres horas y una visita rápida de ocho minutos decidimos que esa visita no merece la pena. Salimos a echar unas fotos a la fachada y los alrededores y a las doce de la mañana decidimos ir a comer antes de ir al aeropuerto para coger nuestro vuelo dirección a Tawau.

Como teníamos ganas de comer bien (o medianamente bien) nos metimos en el centro comercial de las Twin Towers y probamos los primeros noodles y los primeros zumos Malayos.

No nos apasionaron ni los unos ni los otros y poco después nos dirigíamos al aeropuerto con la sorpresa de encontrarnos a la entrada del metro con Nuria y Ivana, que comenzaban su primer día de turismo por la ciudad. Nos despedimos por segunda vez de ellas y entramos al metro.

Nos fuimos de Kuala con una extraña sensación. Habíamos encontrado una ciudad donde los grandes centros comerciales, los rascacielos y los autobuses con televisor de plasma convivían con calles sucias y con cucarachas enormes. Es como si hubieran cogido lo más moderno y occidental y lo hubieran juntado de golpe con la pobreza de la ciudad más dejada.

Al llegar a Tawau nos recogió el transfer del club de buceo y nos dejó en el alojamiento que Yolanda había reservado en Semporna. Digo “en el alojamiento que Yolanda había reservado” porque yo no me había enterado de mucho y claro, así fue mi sorpresa cuando me encontré con esas preciosas cabañas flotantes del Dragon Inn que junto a su restaurante se convirtieron en un agradable centro de operaciones en Semporna.

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El sitio me encantaba, no me esperaba nada parecido y me encontré en un lugar de ensueño. Después de asearnos cómodamente e instalarnos fuimos a cenar al Restaurante del hotel, donde nos quedamos con la boca abierta cuando al elegir el pescado de la carta, la camarera apareció con un señor que llevaba el pez vivo en una cesta para que diésemos el visto bueno.

En cuanto le dijimos que nos parecía bien ella grito:

- KILL!!!!

Y el pobre pez fue sentenciado a muerte.

Cenamos en una mesa frente al mar, viendo las barcas de los pescadores y la luz del faro a lo lejos. Por fin ya relajados y disfrutando de una cena exquisita, teníamos la sensación de que en ese momento acababa de empezar nuestro viaje. Después de dos días cogiendo todo tipo de transportes para conseguir llegar a Semporna, ahora éramos conscientes de que empezaba la aventura. Al día siguiente buceábamos en la isla de Sipadan y aunque estábamos muy a gusto en el restaurante, nos fuimos a descansar.

Esa noche, mientras dormíamos una incesante lluvia tropical amenazaba nuestras inmersiones. La visibilidad no seria de las mejores que podíamos haber encontrado allí, en cualquier caso nos disponíamos a explorar las profundidades de la isla de Sipadán.

A las ocho de la mañana estábamos en el centro de buceo “Sipadan Scuba” Había muchos buceadores y muy buen ambiente. John era nuestro guía, se presentó y nos dio las indicaciones para ponernos en marcha hacia el barco.

Nada mas zambullirnos un tiburón se paseaba por debajo de nosotros mientras al ganar un poquito de profundidad otro lo hacía por encima. Fueron ellos los que nos dieron la bienvenida al mundo de las tortugas gigantes, al de los enormes bancos de barracudas y a una preciosa explosión de vida subacuática de la que disfrutamos durante las tres inmersiones que hicimos ese día.

De Borneo

Desde luego no fue un buen día de buceo de en Sipadan, sin embargo hay que reconocer que un mal día de buceo allí es un día de buceo espectacular comparado con casi el resto del mundo.

Solo habíamos reservado inmersiones para ese día, por lo que sabiendo lo que Sipadan puede ofrecer nos fuimos con ganas de haber tenido más oportunidades de ver tiburones más de cerca y de haber podido disfrutar de la isla en todo su esplendor. Sin embargo el viaje continuaba y el día siguiente nos dirigiríamos a nuestro nuevo destino, el rio Kinabatangan, por lo que con nuestras ilusiones renovadas nos dispusimos a disfrutar de nuestra última cena en el restaurante del Dragon Inn.

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Hasim era un camarero filipino que hablaba algo de español, además era todo un show verle, sus movimientos amanerados, su simpatía y su gracia le hacían una persona entrañable. Cuando casi estábamos acabando de cenar se sentó un chico en la mesa de al lado y Hasim al darse cuenta de que era español no dudo en bromear diciéndonos que éramos como familia, con lo que empezamos a hablar y acabamos compartiendo mesa.

Llegó su novia poco después y más tarde otros dos chicos con los que, además, ya nos habíamos encontrado en Sipadan por la mañana. Al principio comenzamos a comentar las particularidades de nuestros itinerarios por Borneo y acabamos degenerando en un improvisado espectáculo de magia ofrecido a nuestros nuevos amigos y al que poco a poco se fue uniendo todo el personal del restaurante.

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Siempre me ha resultado especialmente agradable ofrecer algunos juegos de magia en estos países, sus reacciones a algo que casi nunca han visto navegan entre la diversión desmedida, el miedo, la sorpresa y la alegría constante.

Lodia cuando nos retirábamos comentaba:

- Me duele la mandíbula de tanto reír.

Al día siguiente cogimos un autobús para ir a Sandakan y después un taxi que nos llevara a Sepilok. De nuevo la sorpresa de subir a un autobús perfectamente cuidado y con televisor de plasma, en esta ocasión la película no fue “Los chicos del maíz” como en nuestro primer viaje del aeropuerto a Kuala, sino “Ninja Assassin” De nuevo el estilo Manga-Gore hacía su presencia sin tener en cuenta los niños que podían viajar en el autobús.

Por fin llegamos a Uncle tan, punto de partida desde donde al día siguiente nos trasladarían a sus instalaciones en la jungla. Se trataba de un modesto alojamiento pero punto de encuentro de multitud de viajeros, donde existía la posibilidad de jugar al pin-pon, al vóley, billar y de charlar sobre las distintas rutas que cada uno de ellos hacia por Borneo.

De Borneo

Madrugamos para visitar el centro de rehabilitación de orangutanes de Sepilok.

Se trata de la mejor manera de poder ver estos impresionantes simios en estado de semilibertad, ya que verlos en la jungla no sólo es difícil, sino que cuando lo consigues y debido a su timidez suelen estar bastante lejos encaramados a la copa de algún árbol.

En este centro disponen de comederos donde todos los días a las 10 y a las 15 horas les dejan comida, y son los propios orangutanes los que si les apetece van a comer allí. Aunque si en la selva hay abundancia de frutos son pocos los que se acercan para ser molestados por cientos de turistas haciendo fotos.

Pudimos ver tres orangutanes jóvenes realizando sus acrobacias en las cuerdas y los arboles. La nota agradable era poder observarles en un entorno casi salvaje, el hándicap era la cantidad de turistas que todos los días se acercan a presenciar ese momento y que te aleja de la cercanía a la naturaleza que ofrece la soledad y el silencio.

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Después hicimos un pequeño treking por una ruta marcada del centro, animales pocos, pero en compensación los aullidos de los orangutanes te sorprendían de cuando en cuando.

De regreso a la entrada al parque encontramos una pequeña serpiente Verde de la que a pesar de su pequeño tamaño un guarda nos advirtió que mantuviéramos las distancias, ya que si bien, su veneno no llegaba aún a tener la potencia de un adulto, no dejaba de ser bastante peligroso.

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Regresamos a Uncle Tan y después de comer más noodles, pollo y arroz con un toque picante recogimos nuestras mochilas y subimos al bus destino: La Jungla.

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